Prevención embarazo temprano
Claudia Soto Opinión de Claudia Soto

CIENCIA PARA LLEVAR | A LOS DOCENTES LES PIDEN ENSEÑAR DE TODO, PERO ¿QUIÉN LOS PROTEGE?

"💙 A esa entrega debemos responder con protección 🛡️, porque la vocación por sí sola no es un chaleco antibalas 🦺 ni una protección ante el ambiente adverso ⚠️ en que crecen nuestras niñas, niños y adolescentes. 👧🏻🧒🏻👦🏻"

El 1 de octubre, dos hermanos de 18 años, exalumnos conocidos como “Los Cuates”, ingresaron a la Secundaria General número 13 del ejido La Unión, en Torreón. Atacaron con machetes y detonaron petardos. La subdirectora, Nery Edith Nevárez González, murió y otras cuatro personas resultaron heridas. Detrás del saldo están una familia en duelo y una comunidad escolar cuya vida cambió durante una mañana de clases.

Vale la pena detenernos en su nombre. Nery Edith. Porque después de este triste hecho,  llega las declaraciones, las promesas, los anuncios de capacitación, regulaciones y demás notas que tratan de contener la situción. Y entre tanta respuesta institucional puede desdibujarse lo esencia, y es que una trabajadora de la educación fue asesinada en su escuela.

Estos hechos suelen recordarnos las imágenes de ataques escolares en Estados Unidos. No estamos frente a una violencia que acaba de cruzar la frontera. Estamos frente a una realidad que exige respuestas sostenidas, más allá de la conmoción de cada nueva tragedia.

En Zacatecas, la agresión contra Arely, en el municipio de Tabasco, también obliga a mirar lo que ocurre antes del daño. Durante el foro académico y legislativo sobre su caso, una mesa señaló que una institución de protección familiar ya conocía la conducta del adolescente involucrado en contra de docentes y no intervino oportunamente: ¿qué sucede cuando alguien advierte un riesgo y la respuesta institucional no llega?

Con frecuencia, las maestras y los maestros están cerca de esas primeras señales. Observan cambios, escuchan expresiones de miedo, reciben confidencias, identifican agresiones. Buscan a las familias, conversan con sus estudiantes e intentan abrirles una posibilidad distinta.

Mientras tanto, al profesorado se le pide atender casi todo. Que enseñe y evalúe. Que detecte abuso, prevenga adicciones, atienda conflictos, promueva salud mental, acompañe duelos, identifique riesgos digitales y construya paz. Que llene formatos, entregue evidencias y aplique cada nueva estrategia. Que fomente la buena alimentación. Que sus almnos concursen en convocatorias que llegan de las diversas dependencias. Que atienda grupos multigrado y numerosos. Que responda con paciencia, incluso cuando recibe una amenaza.

Cada necesidad importa, pero es insostenible es acumularlas sobre las mismas personas sin tiempo, personal especializado ni recursos suficientes.

A ello se suman las exigencias económicas de una profesión cuyo salario debe corresponder a su preparación, su responsabilidad y sus condiciones de trabajo. Reconocer al magisterio implica hablar de remuneración, descanso, salud y protección.

La nota que anuncia capacitaciones del SNTE, en coordinación con autoridades de seguridad y personal de las Fuerzas Armadas, muestra la gravedad de la preocupación. Pero también necesitamos discutir con seriedad los contenidos que consumimos. Los videojuegos y las plataformas forman parte de esa conversación; reducirla a ellos deja fuera demasiado. Debemos mirar los discursos de odio, las canciones que exaltan el sometimiento, las imágenes que convierten la crueldad en espectáculo y las noticias que conceden más protagonismo al agresor que a sus víctimas.

Intervenir desde lo profundo requiere servicios accesibles de salud mental, acompañamiento familiar, atención a las violencias y espacios dignos de encuentro. Bibliotecas, parques cuidados, canchas, talleres artísticos y lugares donde las juventudes puedan construir pertenencia. Requiere personal especializado que responda cuando una escuela pide ayuda y autoridades que den seguimiento antes de que la advertencia se convierta en tragedia.

Las maestras y los maestros tienen derecho a denunciar sin represalias, a recibir asistencia jurídica, a contar con atención psicológica y a trabajar en condiciones seguras. Sus derechos merecen la misma seriedad con que se les exige cumplir sus obligaciones.

Hay docentes que mañana volverán a un aula llevando consigo un miedo que nadie les ha preguntado. Volverán porque les importa su alumnado, porque conocen el valor de su trabajo, porque todavía creen que enseñar puede abrir caminos.

A esa entrega debemos responder con protección, porque la vocación por sí sola, no es un chaleco antibalas ni una protección ante el ambiente adverso en que crecen nuestras niños, niños y adolescentes.

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