Opinión de
Tanya Ortiz
A q u e l a r r e | Samuel García, entre la inmadurez y la ambición
A q u e l a r r e | Samuel García, entre la inmadurez y la ambición
La inmadurez y la ambición se pueden juntar en una fórmula que da al traste con lo trabajado, echando por la borda el esfuerzo y los objetivos a mediano y largo plazos.
Tanya Ortiz*
El caso del gobernador –gobernador con licencia, precandidato y otra vez gobernador- Samuel García, no resulta extraño en la política mexicana. Hay cientos de personas que han ocupado un cargo público y antes de terminar el periodo para el que fueron electos, solicitan licencia para ausentarse del cargo, con el objetivo de contender por otra candidatura.
Muchos, aunque la confianza ciudadana les favoreciera con los votos necesarios para ganar, han optado por regresar al cargo hasta terminar su periodo, siempre y cuando no interfiera con los procesos electorales posteriores a la elección, y otros deciden ya no volver, considerando que es muy poco tiempo el que les queda y porque, además, bien que mal, aunque no estén fungiendo como tal, hay una estructura que les permite seguir tomando decisiones administrativas y políticas, hasta que concluyen el periodo.
Por eso no resulta extraño el proceder del joven Samuel García Sepúlveda en su afán de buscar otros reflectores para su carrera política y quitarle unos pocos de los que tiene su esposa Mariana Rodríguez, conocida influencer que desde antes de casarse con él ya tenía miles –o millones- de seguidores. Ese fue el capital empresarial, económico, político que ella presentó al contrato civil que contrajo con su ahora esposo.
De ahí que ante tal show que se armó en torno a la solicitud de licencia de Samuel, su registro como único precandidato a la presidencia de la República en el partido Movimiento Ciudadano y la falta de acuerdos políticos para dejar un estado en paz y en orden administrativo mientras él se iba de campaña, abriera la posibilidad –ocurrencia pues- de que entonces fuera Mariana la que se subiera a la contienda, sin contar con que, para empezar, la “Chica fosfo fosfo”, no tiene todavía ni los 30 años.
Está bien que la bandera de Samuel desde un inicio que manifestó sus intenciones era la de ser el candidato más joven en la historia del país en contender por la presidencia de la República y en ganarla, como aseguraba que lo iba a hacer, pero con todo y que la nueva legislación permite a los aspirantes a senador (a) de al menos 21 años contender por el cargo, que alguien intente llegar a la primera magistratura del país sin siquiera cumplir la tercera década de vida ya suena demasiado aventurado.
Tal vez a Mariana le dé para candidatearse para la Senaduría, pero no más. Es más, también ya está en el límite de los tiempos para registrarse y llevar el proceso adecuado, tanto en el partido como ante el árbitro electoral, y si en verdad es una posibilidad para movimiento naranja, deben valorarlo a la de ya, aunque por como se pusieron las cosas, lo más prudente es que siga siendo la presidenta honorífica del SEDIF en lo que se calman las aguas.
Todo lo sucedido en Nuevo León es la muestra clara de lo que puede suceder cuando se “infla” a un personaje. A cualquiera, no solo a los políticos. La inmadurez y la ambición se pueden juntar en una fórmula que da al traste con lo trabajado, echando por la borda el esfuerzo y los objetivos a mediano y largo plazos.
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