Opinión de
Luna Morena
Andar las vías | Época de familias numerosas en la tierra de luna
Andar las vías | Época de familias numerosas en la tierra de luna
“Aquellos tiempos hoy no tienen tiempo, porque cada etapa tiene y tendrá su tiempo”
LUNA MORENA*
Más de muchas veces nos hemos preguntado cómo le hacían nuestros papás para mantener tantos hijos. Al no existir una manera de planificar, tenían los que Dios les permitía; por eso las familias de tiempos pasados eran bastante numerosas. Nada difícil era traerlos al mundo, lo difícil era mantener tantos chiquillos conforme iban creciendo. Si alguno quería seguir estudiando, los padres de familia hacían todo lo posible para darle sostenimiento necesario, lo que su hijo fuera necesitando; o simplemente le decían que no tenían el capital para pagar su preparación superior.
Pocos eran los que podían realizar este sueño, por el gasto extra que el estudio mayor ocasiona. Pero todo eso se olvidaba al momento de ver a sus hijos realizados, elevando el orgullo de la familia y después mejorando su economía.
Recuerdo que en mi pueblo una persona tenía su camioneta y se encargaba de traer a la ciudad cercana a la gente que se debía vacunar. Cuando eran niños hacían varias vueltas, hasta que todos estuvieran vacunados. En mi casa éramos 16, en casa de las tías 18, 15, 12, 17; todos comelones; todos usaban ropa, zapatos y más atavíos que se compraban conforme estaban creciendo; los más chicos heredaban la ropa que sus hermanos mayores iban dejando, sin molestarse por eso, al contrario, para ellos era como si estuvieran estrenando.
Al vivir todos de la misma manera, entre ellos se desconocía la envidia, el resentimiento, la ambición y las rivalidades. Nadie hacía (porque no podían) compras extras, ni compras innecesarias, únicamente adquirían lo más útil, lo que hacía falta y lo más urgente. Debido a esa buena organización, no les faltaba nada a pesar de ser familias numerosas. Tenían la ropa necesaria, nunca la ropa de moda, tenían solamente los juguetes que llegaban en navidad y los que les daban en sus cumpleaños; porque en el transcurso del año a nadie se le compraba ningún otro juguete, ni más cosas por gusto. Podríamos pensar y decir que por ser filiaciones bastante pobladas los gastos eran en exceso, cosa que no sucedía; porque solamente conseguían lo más conveniente para la casa y la parentela.
A nadie le decían: si te portas bien te voy a comprar esto, o si pasas las materias de la escuela, o si te aprendes las tablas te voy a dar tal premio. Nunca se les dio nada de recompensas, porque el portarse bien, el pasar las materias y aprenderse las tablas era su responsabilidad, su obligación, y su deber, sin esperar ni recibir nada a cambio; ni otras dádivas que les llenaran sus ojitos de felicidad. No por esto se ponían rebeldes, ni hacían los desagradables berrinches; mucho menos faltarle al respeto a sus progenitores, entre gritos y palabras ordinarias o arrojándole cualquier objeto que en ese momento tuvieran al alcance.
Cada niño, de cada familia, iba creciendo con la obediencia tatuada entre la memoria y entre el corazón; porque los papás de esos tiempos no tenían la paciencia ni la conformidad de ahora. Había que ser bien mandado sí, o sí. Que no se te ocurriera contestar a una orden de papá o mamá, porque cerca o a distancia, con su pura mirada te ponían en línea. Así entendían que los jefes de familia eran los papás y solamente ellos eran los encargados de educarlos, mantenerlos y llamarles la atención las veces que fuera necesario.
Esta época de la que con orgullo formé parte, ya nunca se volverá y si se intentara retornarla entre los consanguíneos de hoy, sería imposible, porque son de armas tomar. A cuidarse de no intentar las represiones de antaño con la niñez de ahora. Aquellos tiempos hoy no tienen tiempo, porque cada etapa tiene y tendrá su tiempo.
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