Opinión de
Claudia Soto
CONSEJOS LEGALES | BACHILLERATO MILITARIZADO: TERMINA EL MODELO, NO LA COMUNIDAD
"Se debe reconocer que la autoridad educativa estatal está intentando resolver, en pocas semanas, una determinación nacional que pudo haber significado el cierre o la dispersión del alumnado. 🏫 Mantener abierto el plantel, conservar unida a su comunidad y diseñar una alternativa pertinente no es un esfuerzo menor. 🤝📚"
Hay instituciones educativas cuyo significado no cabe por completo en un decreto, una malla curricular o el nombre colocado en su fachada. Se construye con el esfuerzo cotidiano de sus estudiantes, con la vocación de sus docentes, con la confianza de las familias y con una forma particular de relacionarse con la comunidad. Ese es el caso del Bachillerato General Militarizado de Zacatecas.
Desde su creación, en 2019, el plantel consolidó una identidad reconocida por su disciplina, exigencia académica, formación en valores, actividades cívicas y participación comunitaria. Para cientos de jóvenes no representó solamente una alternativa de educación media superior: significó pertenencia, orden, responsabilidad y la posibilidad de proyectar un futuro profesional. En 2022 egresó su primera generación y, desde entonces, sus estudiantes han recibido reconocimientos por aprovechamiento académico y por su participación en encuentros nacionales, competencias deportivas, bandas de guerra y actividades de servicio.
Por ello, la reacción de madres, padres, estudiantes y egresados ante la transformación del modelo representa un duelo institucional por una escuela que eligieron por sus características particulares y con la que construyeron vínculos, expectativas y orgullo. Una comunidad educativa también tiene memoria, afectos y símbolos. Modificar aquello que le ha dado identidad genera, inevitablemente, incertidumbre.
Sin embargo, es importante precisar el origen de esta transformación. La decisión no surgió en Zacatecas ni fue una determinación unilateral de las autoridades estatales. Se inscribe en una disposición federal adoptada después de la muerte de Dafne Zapata, adolescente de 13 años que perdió la vida durante un campamento de formación militarizada en Tamaulipas. El caso produjo una revisión nacional de estos modelos y llevó a la Secretaría de Educación Pública a sostener que la enseñanza de carácter militar no está autorizada para instituciones educativas civiles y que la formación castrense corresponde exclusivamente a las instituciones de las Fuerzas Armadas.
La tragedia de Dafne obligó al país a mirar los riesgos que pueden esconderse detrás de prácticas disciplinarias sin regulación suficiente. Su historia no debe utilizarse para estigmatizar a todas las comunidades escolares ni para suponer que en todos los planteles ocurrió lo mismo. Pero tampoco puede ignorarse. La protección de niñas, niños y adolescentes debe prevalecer frente a cualquier tradición institucional.
El caso de Zacatecas, además, tiene particularidades. El Bachillerato General Militarizado y el Bachillerato General Policial son instituciones públicas creadas mediante decretos estatales en 2019. No son academias privadas ni campamentos improvisados. El propio Gobierno de Zacatecas destacó, al iniciar el análisis con la Federación, el prestigio alcanzado por sus estudiantes y docentes, así como el hecho de que estos planteles habían construido una experiencia educativa reconocida por las familias.
Frente a una disposición que ya no permite conservar el componente militarizado, la Secretaría de Educación de Zacatecas tenía dos caminos: limitarse a ejecutar el retiro del modelo o trabajar seriedad y celeridad para preservar el plantel, su comunidad, sus empleos y su fortaleza académica. Eligió el segundo.
El secretario de Educación, Armando Delgadillo Ruvalcaba, y el subsecretario de Educación Media Superior, Antonio Reyes Carlos, han sostenido encuentros permanentes con madres y padres de familia, estudiantes, docentes y representantes de los planteles. Algunas reuniones se han prolongado durante varias horas y no han estado exentas de inconformidad. Sin embargo, el diálogo ha permitido pasar de la incertidumbre inicial a la construcción colectiva de alternativas.
Hasta ahora se han analizado áreas como ciberseguridad, ciberinteligencia, inteligencia artificial, educación financiera y deporte de alto rendimiento. También se revisan horarios, créditos, contenidos y opciones de formación para el trabajo. La intención es conservar la disciplina, el sentido de pertenencia, la formación cívica y los valores que caracterizaron al plantel, pero dentro de un marco educativo civil, humanista y respetuoso de los derechos de las juventudes.
La Secretaría ha garantizado la continuidad del servicio, el inicio del ciclo escolar y la validez de los estudios. También ha reconocido que la transformación necesitará infraestructura, equipamiento, conectividad, capacitación docente y convenios con instituciones especializadas. También será necesario cuidar a las y los docentes. Ellos no son espectadores de la transformación, sino depositarios de una experiencia pedagógica que no debe desperdiciarse. Conocen a los estudiantes, sostienen la vida cotidiana del plantel y han contribuido directamente a su reconocimiento. Cualquier modificación será más sólida si se construye con ellos, si se garantiza su estabilidad laboral y si se les ofrece formación para asumir los nuevos campos académicos.
Se debe reconocer que la autoridad educativa estatal está intentando resolver, en pocas semanas, una determinación nacional que pudo haber significado el cierre o la dispersión del alumnado. Mantener abierto el plantel, conservar unida a su comunidad y diseñar una alternativa pertinente no es un esfuerzo menor.
El Bachillerato Militarizado de Zacatecas no será borrado de la memoria institucional. Su trayectoria, sus logros y la dedicación de estudiantes, familias y docentes forman parte de la historia educativa del estado. Honrar esa historia no significa inmovilizarla.
Quizá el desafío consiste precisamente en demostrar que la disciplina puede conservarse sin una estructura castrense; que la exigencia académica puede convivir con los derechos humanos; que el servicio a la comunidad puede fortalecerse mediante la ciencia y la tecnología, y que una institución puede cambiar de nombre sin renunciar a lo mejor de sí misma.
No estamos frente al final de una gran escuela, sino ante la oportunidad de construir una institución todavía más sólida, contemporánea y humana. El prestigio no depende únicamente del uniforme que se porta, sino de la calidad con la que se educa, de los valores que se practican y de las vidas que una escuela ayuda a transformar.
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