Opinión de
Paco Solís
PUNTO FINO | DATOS Y FAMILIA: UN RETO SOCIAL PARA ACTUAR
“Hoy los números son claros 📊: es momento de voltear a ver a la institución familiar 👨🏻👩🏻👧🏻👦🏻 y a las familias reales que conforman nuestra sociedad, que tienen necesidades y que tanto aportan a nuestra comunidad ❤️”.
Los datos más recientes del INEGI dibujan un país de mayor edad, con más población y con menos hijos. Esto nos obliga a mirar con atención a la familia. Hace unos días, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía publicó los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, un ejercicio de cerca de 7.3 millones de entrevistas en hogares de todo el país. Con ella podemos conocer cuántas personas y viviendas hay en cada localidad, municipio y estado, y cómo vivimos. Lo más revelador aparece al poner estas cifras junto a las del Censo de Población y Vivienda 2020: en solo cinco años, las familias mexicanas y zacatecanas han cambiado de forma notable.
La familia es la célula básica de la sociedad. Así lo reconocen instrumentos internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Como en un organismo vivo, la salud y la funcionalidad de las familias determinan la salud y la funcionalidad de la sociedad. Conviene precisar que la funcionalidad de una familia no depende solo de su estructura ni de sus recursos materiales, aunque ambos influyen. Una familia no es disfuncional por la ausencia de un papá o una mamá, sea cual sea la razón. Definimos aquí a la familia como una comunidad con lazos de parentesco legal o consanguíneo. Es funcional cuando cumple con lo que esperan de ella quienes la integran y la comunidad a la que pertenece.
¿Qué espera la comunidad de las familias? Primero, que transmitan la vida a nuevas generaciones. También, que formen personas con valores comunes, que compartan idioma, idiosincrasia y costumbres. Que esas personas estén cuidadas, sanas física y emocionalmente. Y que estén listas para contribuir al bien común desde la cultura, la economía y la política. ¿Qué esperan los individuos de la familia? Para los individuos, la familia atiende las necesidades de cuidado físico, afectivo y espiritual que permiten a cada persona un desarrollo humano integral y el acceso al bienestar que ofrece su sociedad.
Veamos qué dicen los datos sobre estas tareas.
Menos matrimonios, más rupturas. En 2020, el 35.4 % de la población mexicana de 12 años y más estaba casada. En 2025 esa proporción bajó a 31.8 %. En Zacatecas el cambio es todavía más marcado: de 44.0 % a 39.6 %, una caída de más de cuatro puntos en apenas cinco años. La unión libre se mantiene prácticamente igual: 18.4 % en el país y 13.3 % en el estado. Lo que crece es la población separada, divorciada o viuda. En Zacatecas, las personas divorciadas pasaron de 2.0 % a 2.6 % y las separadas de 3.6 % a 3.7 %. Las familias ya no se están formando o, si se forman, no permanecen.
Menos hijos. Para que una población se mantenga en el tiempo, cada mujer debe tener en promedio 2.1 hijos. A esto se le llama tasa de reemplazo. En 2020, la tasa global de fecundidad del país ya estaba por debajo de ese nivel, en 1.9 hijos por mujer. Zacatecas apenas lo superaba, con 2.2. Hoy, la encuesta de 2025 reporta en promedio 1.3 hijos nacidos vivos en las mujeres de 15 a 49 años en el país y 1.5 en Zacatecas. Zacatecas, que hace cinco años todavía estaba en el umbral del reemplazo, se encamina a quedar por debajo de él.
Hogares más pequeños. Entre 2020 y 2025, la población de Zacatecas pasó de 1.62 a 1.68 millones de habitantes, un crecimiento cercano al 4 %. En el mismo periodo, las viviendas habitadas pasaron de 442 mil a casi 500 mil, un aumento de alrededor del 13 %. Las viviendas crecen más de tres veces más rápido que la población. Eso significa menos personas por hogar: familias más pequeñas y más personas viviendo solas.
Más necesidades de cuidado. En Zacatecas, el 6.1 % de la población vive con alguna discapacidad, contra el 5.9 % en 2020, y por encima del promedio nacional de 4.9 %. Como la población también envejece, cada vez habrá más personas mayores y con discapacidad que requieren atención. En la mayoría de los casos, esa atención recae en familias que son cada vez más pequeñas.
Estas cifras tienen consecuencias concretas. Con menos nacimientos y una población que envejece, llegará el momento en que un grupo cada vez menor de personas en edad de trabajar sostenga económicamente a más personas de 65 años y más. El cuidado de niñas, niños, personas mayores y personas con discapacidad, que tradicionalmente ha recaído en las familias, tendrá que repartirse entre menos manos.
Por eso es claro que, en una sociedad compleja como la nuestra, la familia no puede sola. Necesita el apoyo de estructuras e instituciones externas, siempre con la advertencia de no desvincular o debilitar a las familias. Para el cuidado existen guarderías, centros de atención y rehabilitación, estancias de día, asilos y casas hogar. Para la educación, las escuelas en sus distintos niveles. Para cubrir las necesidades económicas hacen falta empresas públicas y privadas, además del apoyo subsidiario de organizaciones civiles y del Estado. Para la cultura y la convivencia están las instituciones artísticas, los clubes deportivos y los espacios de recreación. Y para la cohesión social participan iglesias, medios de comunicación, partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil. Estas tareas parten de la familia, pero no se agotan en ella.
Hay cambios que también abren oportunidades. En 2020, menos de la mitad de los hogares zacatecanos (46.3 %) tenía internet. Hoy lo tiene el 75.7%, la misma proporción que el promedio nacional. El 93.5 % de los hogares del estado cuenta al menos con un teléfono celular. Además, el 70 % de los jefes y jefas de familia en Zacatecas son dueños de su vivienda, por encima del 66.2 % nacional. Son bases sobre las cuales construir: familias conectadas y con patrimonio pueden ser alcanzadas por servicios, programas y redes de apoyo como nunca antes.
Los datos de la encuesta intercensal nos invitan a analizar la situación de las familias en general. Pero hay otra fuente de información igual de importante: visitar y convivir con las personas en sus hogares, escucharlas y conocer de primera mano sus necesidades y anhelos. La información debe orientar la toma de decisiones. Hoy los números son claros: es momento de voltear a ver a la institución familiar y a las familias reales que conforman nuestra sociedad, que tienen necesidades y que tanto aportan a nuestra comunidad.
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