Opinión de
Claudia Soto
CIENCIA PARA LLEVAR | EL DERECHO A LA EDUCACIÓN SE ABRE PASO PARA NIÑAS Y NIÑOS EN GAZA
“Acompañen a la niña desplazada🧒🏻, al niño que vive en una tienda ⛺, al adolescente cuya escuela ya no existe 📚. Su ejercicio puede ser violentado, pero su titularidad permanece ⚖️.”
Como maestra, pienso en lo que significa preparar el regreso a clases: organizar materiales, imaginar actividades, recibir a quienes llegan con entusiasmo o con miedo. En Gaza, ese regreso obliga a resolver preguntas mucho más difíciles: ¿dónde reunir al grupo si la escuela fue destruida?, ¿cómo enseñar a quien ha perdido su casa o a su familia?, ¿cómo hablar del futuro cuando la vida sigue amenazada?
El 19 de septiembre comenzó un nuevo ciclo escolar en Gaza. El retorno ocurre mediante espacios de aprendizaje que intentan sostener la educación entre la devastación y el desplazamiento. Según el informe de Naciones Unidas del 25 de septiembre, aproximadamente 495 mil niñas, niños y adolescentes de edad preescolar y escolar estaban inscritos en espacios apoyados por la respuesta humanitaria; otros 70 mil asistían a iniciativas comunitarias y privadas. Sin embargo, se estimaba que alrededor de 200 mil permanecían sin acceso a ninguna forma de aprendizaje estructurado.
En su llamamiento humanitario de septiembre de 2026, UNICEF informó que 97.5 por ciento de las escuelas de Gaza estaban dañadas o destruidas. Advirtió, además, que la interrupción educativa podría representar un retroceso de hasta cinco años. Destruir una escuela afecta mucho más que sus paredes: desarticula relaciones, interrumpe aprendizajes y reduce los lugares donde la infancia puede sentirse acompañada.
Las clases se han abierto camino en tiendas de campaña, instalaciones improvisadas y edificios dañados. Reuters documentó el retorno de estudiantes que carecen de cuadernos, calzado o materiales básicos, así como aulas con escaso mobiliario. Las maestras y los maestros vuelven a encontrarse con sus grupos en condiciones que hacen de cada jornada una tarea extraordinaria.
Admirar ese esfuerzo no debe llevarnos a romantizarlo. Ninguna niña debería demostrar cuánto desea estudiar soportando condiciones indignas. Ningún docente tendría que elegir entre proteger su vida y acompañar a sus estudiantes.
La Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el derecho a la educación en su artículo 28; el 29 establece que debe desarrollar las capacidades y la personalidad de cada niña y niño. El artículo 38 exige adoptar medidas posibles para proteger y cuidar a la niñez afectada por conflictos armados.
Donde está una persona, están sus derechos. Acompañan a la niña desplazada, al niño que vive en una tienda, al adolescente cuya escuela ya no existe. Su ejercicio puede ser violentado pero su titularidad permanece. Por eso resulta inaceptable tratar la educación como algo que puede esperar indefinidamente hasta que todo lo demás se resuelva.
La escuela también puede ayudar a sostener la vida cotidiana. UNICEF explica que sus centros de aprendizaje combinan lectura, escritura y matemáticas con juego, atención psicosocial y vínculos con servicios de salud, nutrición y protección. Recuperar una rutina y encontrarse con otras personas abre posibilidades de cuidado. Estas iniciativas buscan mantener el aprendizaje mientras se reconstruyen las condiciones para una educación formal plena.
¿Qué significa recuperar los años perdidos? ¿Cómo acompañar el duelo, incluir a quienes tienen discapacidad y cuidar a docentes que también han sufrido pérdidas? ¿Quién garantiza que los materiales lleguen y que los espacios educativos estén protegidos?
Estas preguntas también nos interpelan desde México. La niñez desplazada necesita que sus derechos puedan ejercerse en el lugar donde se encuentre, con respuestas que comprendan su historia y sus condiciones, aquí tenemos a Chiapas, Michoacán, Guerrero, Zacatecas y Jalisco.
Volver a clases en Gaza sostiene una posibilidad de futuro que necesita protección. La esperanza no es un lujo, es un deber de quienes tienen la responsabilidad de crear condiciones para que la infancia viva y aprenda. Se expresa en una escuela protegida, una maestra acompañada, un cuaderno disponible y una niña que puede hacer planes para mañana. Ninguna guerra debería arrebatarle ese mañana.
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