Opinión de
Alex Bravo
EL ESPECTADOR | "THE WATER'S PINK"
¿Alguna vez vieron La Pantera Rosa? Cuando era muy pequeño, fue una de mis series animadas favoritas.
"Come on In!”
¿Alguna vez vieron La Pantera Rosa? Cuando era muy pequeño, fue una de mis series animadas favoritas. Me fascinaba, al menos hasta que el personaje empezó a hablar; mientras todo se resolvía en pura acción y silencio, el humor me parecía brillante. Todavía hoy, en mis ratos de ocio, busco episodios para entretenerme. Hace unos días, mientras esperaba a un paciente, volví a mirar uno titulado The Pink Phink o The Water’s Pink, un cortometraje emitido originalmente en 1968. Yo aún no nacía cuando se estrenó. Debí haberlo visto por primera vez en la década de los noventa y, tres décadas después, sigue provocándome risa, aunque me descubrí haciendo los mismos comentarios que expresaba cuando era niño.
En resumidas cuentas, la Pantera Rosa llega en su motocicleta a una playa concurrida llamada Bicep Beach. En el lugar, un fisicoculturista ostentoso intenta impresionar a las mujeres exhibiendo su musculatura. La Pantera comienza a robarle la atención utilizando una serie de objetos inflables que saca de un bolso de mano: músculos de aire, pesas gigantes, aparatos para esquí acuático y hasta una piscina entera. El enfrentamiento se vuelve cada vez más absurdo, pero la Pantera siempre termina saliéndose con la suya. De niño, yo miraba esas escenas con asombro y solía decir: “Eso no puede ser real”. A lo que mi abuela respondía con paciencia: “Claro que no, mijo, porque es una caricatura”.
Hace poco vi un video en redes donde Cristiano Ronaldo conversa con su versión infantil, respondiendo preguntas sobre sus metas de vida. Me sorprendió enormemente. Si no supiera que fue generado con inteligencia artificial, me habría preguntado si se trataba de un registro auténtico. Debo confesar que me sentí tentado de tomar una fotografía de mi propia infancia junto a una actual y pedirle a la máquina que sintetizara ese diálogo. Sin embargo, en el fondo se la respuesta: tampoco es real.
Todo lo que genera la inteligencia artificial comparte con la animación esa condición de ser una ilusión. La diferencia crucial reside en que la caricatura representa la imaginación desbordada, mientras que el fotorrealismo sintético demuestra la capacidad técnica para fabricar falsas realidades.
Mi abuela tenía razón al recordarme que la Pantera Rosa era solo un dibujo, pero esa “falsa ilusión” poseía una naturaleza transparente y noble: no buscaba engañar a nadie sobre el mundo físico, sino invitarnos a habitar, por unos minutos, el territorio del juego y lo imposible. El humor mudo de Friz Freleng y Hawley Pratt funcionaba porque el espectador aceptaba de buen grado el pacto del absurdo. Unos músculos de aire o una alberca saliendo de un bolso no pretendían suplantar la realidad, sino expandir las fronteras de la fantasía.
Con las imágenes y voces hiperrealistas producidas por IA ocurre algo distinto y más inquietante. La caricatura apela al asombro consciente: sabemos que es un artificio y disfrutamos la genialidad del trazo. La tecnología actual, en cambio, persigue la hiperrealidad, borrando la costura entre lo que existió y lo que jamás ocurrió. La idea de ponerme frente a mi versión infantil mediante una pantalla posee una carga emotiva innegable; sin embargo, el resultado no deja de ser un espejo de humo: un algoritmo simulando una memoria y una voz que no le pertenecen a nadie.
La animación es la imaginación que libera; el fotorrealismo sintético, si no mantenemos la lucidez, se convierte en una técnica que suplanta. La primera nos invita a jugar; la segunda, si olvidamos el recordatorio de la abuela, corre el riesgo de confundir lo que fuimos con lo que un cálculo probabilístico asume que pudimos haber sido. Y es que cuando una IA intenta reconstruir ese “hubiera” —como en el diálogo simular con la propia infancia—, no está recordando un hecho ni proyectando el presente: está erigiendo un acontecimiento fantasma dentro de un tiempo que, en su autenticidad, ya ha quedado clausurado.
*Análisis Existencial
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