Susana Sánchez Opinión de Susana Sánchez

LA FAMILIA | EL CELULAR NO VA A CLASES

El regreso a clases está a la vuelta de la esquina y trae consigo uniformes nuevos, útiles recién comprados, mochilas cargadas de ilusiones, reencuentros de amigos y una discusión que se repite cada año: ¿Cómo manejar el uso del celular?

"Antes de conectar a nuestros hijos al mundo, enseñémosles a conectarse con la vida.”

El regreso a clases está a la vuelta de la esquina y trae consigo uniformes nuevos, útiles recién comprados, mochilas cargadas de ilusiones, reencuentros de amigos y una discusión que se repite cada año: ¿Cómo manejar el uso del celular?

En la actualidad, los dispositivos móviles forman parte de casi todo: sirven para comunicarnos, estudiar, buscar información, entretenernos y resolver infinidad de cosas. El problema no es el teléfono en sí, sino cuando dejamos que ocupe un lugar que todavía no le corresponde en la vida de nuestros hijos.

Y aquí vale la pena hacernos una pregunta incómoda: ¿realmente necesita un niño pequeño un celular propio?

La infancia necesita experiencias que ninguna pantalla puede sustituir: jugar, correr, aburrirse, conversar, imaginar, esperar, equivocarse, resolver conflictos, mirar a los ojos, aprender a tolerar la frustración y descubrir el mundo con todos los sentidos.

En edades tempranas, retrasar el uso de dispositivos tiene ventajas importantes. Los niños necesitan desarrollar el lenguaje a través de conversaciones reales, fortalecer sus habilidades sociales mediante el juego, aprender a autorregularse sin depender de una pantalla para calmarse y desarrollar su creatividad a través de experiencias activas. También necesitan aprender algo que parece sencillo, pero que hoy resulta revolucionario: saber estar sin entretenimiento inmediato.

No se trata de demonizar la tecnología ni de criar hijos aislados del mundo digital. Se trata de enseñarles a utilizarla y no permitir que sea ella quien los utilice a ellos. Se trata también de fomentar el pensamiento crítico, la creatividad, la conciencia, la búsqueda de conocimientos con un método y aprender las cosas importantes de la vida, las cuales casi nunca se encuentran en un reel.

Podemos comenzar con reglas muy concretas: nada de celulares durante las comidas, horarios definidos y cortos para videojuegos y redes sociales, dispositivos fuera de la recámara, puertas abiertas y momentos familiares libres de pantallas. También es importante que los padres revisemos nuestros propios hábitos. Difícilmente podremos pedir a nuestros hijos que guarden el teléfono si nosotros no somos capaces de hacerlo.

Y hay algo todavía más importante: no basta con quitar una pantalla; tenemos que ofrecer una alternativa.

Si queremos que nuestros hijos utilicen menos el celular, necesitamos recuperar la conversación familiar, los juegos de mesa, la lectura, el deporte, las visitas a los abuelos, las caminatas, cocinar juntos o simplemente permitir que una tarde sea aburrida.

El aburrimiento no es una enfermedad que tengamos que curar inmediatamente. Muchas veces es el espacio donde nace la imaginación.

Este regreso a clases podría ser entonces algo más que volver a la rutina escolar. Podría ser una oportunidad para recuperar la presencia. Que nuestros hijos aprendan que hay momentos para conectarse a internet y momentos para conectarse con las personas.

Porque quizá una de las mejores decisiones educativas que podemos tomar hoy no sea comprarles el dispositivo más moderno y permitirles que se lo lleven a la escuela sino enseñarles que su vida es mucho más grande que una pantalla.

Y eso, paradójicamente, también es prepararlos para el mundo real.

Feliz regreso a clases.

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