MES DEL TESTAMENTO
Issac Félix Opinión de Issac Félix

PALABRA VIVA | CRISTO ES NUESTRA MAYOR RECOMPENSA

Es una pregunta incómoda, pero quizá necesaria.

“¿Qué pasaría si descubriéramos que no estamos amando a Dios por quien Él es, sino por lo que esperamos que nos dé?”



Es una pregunta incómoda, pero quizá necesaria. Porque podemos orar, servir, ser generosos, congregarnos, procurar hacer lo correcto y, en el fondo, estar esperando algo a cambio. Y mientras las cosas marchan como queremos, nuestra fe parece firme. Pero ¿qué sucede cuando Dios no responde como esperábamos?

Nos frustramos. Nos preguntamos: ¿Por qué me está pasando esto si he tratado de hacer las cosas bien? ¿Por qué Dios no respondió mi oración? ¿Por qué a otros sí y a mí no? Y, poco a poco, aquello que comenzó como una relación con Dios puede convertirse en una especie de negociación: “Yo hago mi parte y Tú haz la tuya”.

No hay nada malo en pedirle a Dios. La Biblia nos invita a llevar delante de Él nuestras preocupaciones: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). El problema aparece cuando dejamos de buscar a Dios mismo y nuestra meta se convierte en aquello que esperamos obtener de Él.

Tal vez necesitamos preguntarnos con honestidad: ¿busco a Dios por quien Él es o por lo que puede darme?

Porque cuando nuestra meta son las bendiciones, podemos terminar midiendo la bondad de Dios según nuestras circunstancias. Si recibimos lo que pedimos, creemos que Dios es bueno; si no lo recibimos, comenzamos a cuestionarlo. Pero la fe verdadera nos lleva a algo más profundo: confiar en Dios aun cuando no entendemos.

Proverbios dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5). Confiar no significa tener todas las respuestas; significa saber en quién hemos puesto nuestra confianza.

Jesús dejó claro cuál debe ser el orden: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Primero Dios. Después, lo demás.

Eso significa que no seguimos a Cristo para garantizar una vida sin problemas ni para conseguir todo lo que deseamos. Le seguimos porque Él es digno de ser amado y porque, en Él, encontramos algo que ninguna bendición puede sustituir.

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Y también debemos aprender a aceptar que Dios puede decirnos “sí, espera o no”. Su respuesta no siempre será la que queremos. Jesús mismo, en Getsemaní, expresó su deseo delante del Padre, pero terminó diciendo: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Esa es una de las expresiones más profundas de confianza: poner nuestra voluntad en las manos de Dios, incluso cuando su respuesta es diferente a la nuestra.

Quizá la verdadera prueba de nuestra fe no está en lo que hacemos cuando Dios responde, sino cuando parece guardar silencio. Es fácil agradecer cuando todo sale bien. Mucho más profundo es poder decir, como Habacuc: “Aunque la higuera no florezca… con todo, yo me alegraré en Dios” (Habacuc 3:17-18).

Al igual el Apóstol Pablo pudo decir: “Aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Filipenses 3:8). Pablo había entendido que conocer a Cristo tenía un valor superior a cualquier cosa que pudiera obtener.

Cuando comprendemos esto, dejamos de negociar con Dios. Podemos decir: “Señor, si me das lo que estoy pidiendo, te agradeceré; si me dices que espere, seguiré confiando; y si me dices que no, también confiaré en Ti. Porque quizá Tú ves lo que yo no puedo ver. Mi esperanza no está en recibir lo que quiero, sino en saber que estoy en tus manos”.

Las mejores bendiciones ya las hemos recibido, porque en Cristo hemos sido bendecidos “con toda bendición espiritual” (Efesios 1:3). Por eso, podemos recibir con gratitud las bendiciones que Dios añade a nuestra vida y reconocer que vienen de Él, pero nunca debemos confundir la bendición con el que bendice. Lo que Dios nos da puede cambiar, llegar o irse; Cristo, en cambio, permanece. Y si tenemos a Cristo, tenemos la mayor riqueza que podríamos recibir.

Cristo es nuestra recompensa y todo lo demás es extra.

Dios bendiga tu vida…nos leemos en 15 días.


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