Denuncia Trata
Mons. Sigifredo Noriega Barceló Opinión de Mons. Sigifredo Noriega Barceló

REFLEXIONANDO EL EVANGELIO | SER SOLIDARIOS

Volver a la escuela en tiempos de cambio de modelo educativo implica una serie de nuevas preocupaciones.

XXII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

“El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo”

Mateo 16,21-27

Volver a la escuela en tiempos de cambio de modelo educativo implica una serie de nuevas preocupaciones. Es un reto mayúsculo para alumnos y maestros, padres de familia, directivos; para quienes transitamos por las calles, callejones y avenidas del año preelectoral 2027. No es fácil cambiar de planes, programas, contenidos, intenciones… pedagogía. Esperamos ser críticos y constructivos de modelos que contribuyan a formar ciudadanos capaces de diseñar y hacer un país hogar favorable para todos.

El domingo pasado Pedro hizo afirmaciones que le superaban y comprometían seriamente su futuro. ¿Sabría lo que decía al confesar su fe en Jesús, Mesías e Hijo de Dios vivo? Igualmente nos preguntamos al aceptar acríticamente una nueva visión de la educación escolar. Es necesario desmenuzar su contenido para vislumbrar el horizonte y acatar las implicaciones. Pedro tuvo que aceptar que Jesús le abriera los ojos para comprender bien lo que decía… y lo que le esperaba.  Había pronunciado las grandes palabras; ahora tiene que ‘aprender a leer la letra pequeña’.

Al principio, le parecía impensable que subir a Jerusalén, padecer, ser entregado y morir, entraran en el ‘paquete’ de su confesión de fe. No comprendía que aceptar a Jesús tenía algo que ver con la cruz. “Otro te llevará a donde no quieras ir…” va a resonar en la memoria de su corazón cuando vea clavos y experimente el martilleo del seguimiento. Mientras tanto, tendrá que ir aprendiendo a mirar más allá del momento.

“El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga”, afirma con contundencia, Jesús. Ve el horizonte y mira con compasión a quienes deciden seguirlo. Su invitación pudiera sonar fuera de tiempo, atrevida, sin mercado. Sin embargo, tomarla en serio es indispensable para vivir plenamente.

Se trata de aceptar la vida de cada día (decisiones, personas, acontecimientos, virus, sueños, aulas, libros de texto…) y vivirla desde la perspectiva de Jesús. Pablo, años después, enseñará a los cristianos de Filipos que “tengan los mismos sentimientos de Cristo” en toda circunstancia.  La cruz es el signo supremo del amor de Dios. Tomarla es hacer la señal de la cruz todos los días, aceptar sus consecuencias y apostarlo todo en su seguimiento.

“¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida?”. El fruto grande de la vida está en aceptar, asumir y vivir de acuerdo con la cruz redentora de Cristo.  Elegir otro camino sería condenar la vida a una esterilidad egoísta. Sabemos bien las consecuencias engañosas, destructoras, fatales, de la autorreferencialidad, también partidista.

Necesitamos personas solidarias que nos ayuden a cargar la cruz durante el nuevo ciclo escolar. Nosotros podemos ser esos cireneos audaces, generosos, críticos, para muchas personas que se caen y quedan tiradas en las cunetas de un interés mezquino. En muchas ocasiones, la vida que anuncia el ciclo escolar no es lo que uno quisiera. Encontrar personas que acompañan a otros en sus viacrucis puede ser la diferencia. ¿Nos sumamos?

Con mi afecto y bendición para todo momento.

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

Comparte esta nota:

Noticias Relacionadas