CIENCIA PARA LLEVAR | EL EFECTO MIRANDA PRIESTLY: LA RUMIACIÓN COGNITIVA TRAS UNA INJUSTICIA

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CIENCIA PARA LLEVAR | EL EFECTO MIRANDA PRIESTLY: LA RUMIACIÓN COGNITIVA TRAS UNA INJUSTICIA

"Acepta que hay preguntas que jamás vamos a respondernos; no es por falta de inteligencia, sino porque en campos infértiles no crecen las respuestas. Darle vueltas a una historia sin fin es como intentar arar en el cementerio"

Claudia Lizbet Soto Casillas*

Hace unos días, mientras compartía un café con una amiga, nuestra conversación derivó hacia esos "fantasmas" emocionales que nos visitan sin invitación. Hablábamos de cómo, a pesar de que el tiempo avanza, de pronto un recuerdo nos hace revivir con una nitidez asombrosa sentimientos que creíamos superados tanto buenos como los no tanto. ¿Te ha pasado alguna vez que, al recordar una situación donde te trataron injustamente, el nudo en la garganta vuelve a aparecer?, ¿Has sentido esa punzada en el pecho al evocar aquel momento en el que no fueron leales contigo, o cuando alguien simplemente no tuvo la dignidad de valorar la energía, el tiempo y el cariño que entregaste de forma genuina? Ya sea en una relación de pareja que quedó en el limbo, con un compañero de trabajo que se llevó el crédito de tu esfuerzo, o en una dinámica familiar donde tu entrega fue ignorada…todos hemos sentido ese "regreso" al dolor, molestia o frustración. Hoy, desde la ciencia social y la filosofía, quiero que analicemos por qué nuestra mente nos lleva de vuelta a esos escenarios y cómo podemos, finalmente, dejar de ser espectadores de nuestras propias heridas.

Seguro recuerdas esa escena de la película El Diablo viste a la Moda donde el colaborador más cercano de Miranda Priestly está a punto de obtener el puesto de sus sueños tras años de sacrificio, solo para descubrir que se lo dan a otra persona en el último segundo. Esa sensación de vacío y decepción es un ejemplo perfecto de cómo el entorno puede castigar tu lealtad.

A veces reaccionamos como ese meme viral del gatito: contamos lo que nos pasó y cerramos con un resignado "pero ya fue", solo para regresar a los pocos minutos diciendo: "¡Pero lo que más me enoja es...!"

Seguramente también nos ha pasado que un día te despiertas sintiéndote fuerte, agradeces lo vivido y sientes que finalmente has superado ese bache. Pero al día siguiente, sin previo aviso, un recuerdo o una situación cotidiana te devuelven al nudo en la garganta y a ese dolor en el pecho que parece expandirse por los brazos, ese enojo o frustración que te recorren todo el cuerpo. Es ahí cuando surgen las preguntas: ¿Por qué me sigue doliendo, molestando o frustrando? ¿Qué hice mal? ¿Por qué no fue suficiente mi esfuerzo en ese trabajo, en la familia, con mis amigos o con mi pareja?

Esta columna es para decirte que ese "retroceso" no es un error de tu proceso, sino una respuesta biológica y emocional perfectamente natural ante la pérdida o la injusticia. Como investigadora, observo que uno de los procesos más desgastantes es lo que se llama rumiación cognitiva, ese viaje que haces repasando cada momento del suceso en cuestión buscando el "¿por qué?" de un despido injusto, de una traición familiar o de una pareja inestable.

La incertidumbre es más desgastante que un "no" o “si” rotundo. Quedarse esperando una reacción genera indefensión aprendida. Esto ocurre cuando en el trabajo tu esfuerzo es castigado con silencio, o en una relación te achicas para caber donde no te dejan crecer. El cerebro procesa el rechazo social en las mismas áreas que el dolor físico; por eso, una decepción duele literalmente en el cuerpo.

Los duelos que generan esas situaciones no son lineales, sino helicoidales. Avanzamos, pero volvemos a pasar por el mismo punto, aunque con una perspectiva diferente. Según la psicología cognitiva, el dolor y tristeza que sientes en el pecho y que "se expande" tiene una explicación fisiológica: el cerebro procesa el rechazo social y el dolor emocional en las mismas áreas que el dolor físico (corteza cingulada anterior). Por eso, extrañar a alguien duele literalmente como un golpe. Algo similar ocurre con el enojo o frustración cuando sentimos que algo fue injusto.

Este sentimiento se manifiesta en diversos ámbitos, por ejemplo:

  • En el trabajo: Cuando entregas un proyecto con toda tu dedicación y creatividad, pero recibes un regaño injustificado o, peor aún, el silencio absoluto de tus superiores sin reconocimiento. Esa frustración de "darlo todo" y quedar en el limbo profesional genera un agotamiento profundo.

  • En la familia: Cuando intentas ser el puente, el apoyo o el consuelo para los tuyos, pero tus esfuerzos son ignorados o castigados con indiferencia . Ese sentimiento de "achicarse" para ser aceptado y aun así no ser comprendido causa un enojo silencioso que revive ante cualquier roce.

  • En la pareja: El sube y baja de la comunicación intermitente, donde te enganchas a una esperanza que nunca aterriza, dejándote con la sensación de que tu entrega no fue suficiente.

Debes recordar que el comportamiento del otro no es una medida de tu valor personal propiamente. La ciencia social nos enseña que  las historias de nuestras vidas están marcadas por  individuos que operan desde su propio ecosistema emocional, su historia, su capacidad y sus temores. Que alguien no tenga la capacidad de valorar el amor, compromiso o lealtad a tu trabajo, no significa que tú hayas sido "insuficiente"; significa que el otro llegó a su límite de capacidad afectiva, o que su narcisismo no le permite salir de sí mismo, que posee el nivel de conciencia para reconocer el valor del trabajo en equipo y de la reciprocidad. Los límites de otros no son ni representan tus propios límites.

Desde el budismo, todo lo que la vida nos presenta son lecciones para evolucionar. Nada es inútil si lo convertimos en crecimiento. Agradecer lo que nos pasó, incluso lo que nos dolió, nos permite reconocer que esa situación apareció para trabajar aspectos de nosotros mismos. Las preguntas pueden quedar abiertas, pero ya no es nuestra responsabilidad alimentarlas  Bajo este enfoque, el dolor, el enojo y la frustración no son enemigos, sino maestros que nos obligan a evolucionar.

Deja de buscar respuestas, acepta que hay preguntas que jamás vamos a respondernos. No es por falta de inteligencia, de buscar el diálogo o de análisis, sino porque en campos infértiles no crecen las respuestas. Si el otro (jefe, familiar o pareja) no tiene la capacidad de honestidad o de autocrítica, no hay dato que puedas extraer de ahí. Darle vueltas a una historia sin fin es como intentar arar en el cemento, en concreto, en un cementerio.

La propuesta para esta semana es dejar de castigarnos por los días grises. Si hoy regresó la nostalgia, la confusión o el enojo, no significa que te hayas hundido otra vez, sino  que estás procesando una experiencia real y profunda que siendo un ser vivo estás abierto a experimentar, no desde el sentido romántico ni de resignación, sino como humano.

No invalides tu sentimientos, ninguno. Todos son importantes y necesarios, nos ayudan de diferentes maneras.  No te avergüences de haberlo dado todo en tu trabajo, amistad o relación, la capacidad de entrega es una fortaleza, no una debilidad.

Es normal estar bien un día y sentir que te rompes al siguiente. El cerebro necesita tiempo para reconfigurar sus rutas neuronales lejos de esa persona o situación. Es real durante una amistad, una relación o una rutina de trabajo, tus redes neuronales se modifican en sus conexiones, por lo que el duelo no solo es ese sentimiento sino la reingeniería de tus conexiones.

Finalmente, tu valor como ser humano es intrínseco. No depende de si una empresa te valoró o si una pareja o amigo decidió quedarse. Tú eres el investigador de tu propia vida, y ese capítulo, aunque doloroso, es una fuente de aprendizaje sobre tu propia resiliencia. 

Recordemos que estamos hechos de sueños, pero también de cicatrices, esas que hablamos en las primeras columnas. Y esas cicatrices son la prueba de que fuiste lo suficientemente valiente para intentarlo. Mantén un corazón fuerte y nunca pierdas la ternura, es un acto revolucionario y tu luz no debe apagarse.

¡Rebeldía, Locura, Ciencia y Felicidad!

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