Opinión de
Claudia Soto
Ciencia para llevar | ¿Vives en una jaula de cristal? 🕊️🔮El horizonte no es para verse, es para habitarse 🌅✨
"Las jaulas más peligrosas son las de cristal: te permiten mirar el cielo, pero te prohíben tocarlo"
Por✍🏻Claudia Lizbet Soto Casillas
Cuando pensamos en una jaula, solemos imaginar barrotes de hierro, sombras y frío. Pero en la vida real, también hay jaulas más peligrosas son las de cristal. Son hermosas, transparentes y nos ofrecen un panorama que te entusiasma vivirlo. No basta con soñar o tener potencial, se necesita rodearse de personas y entornos que tengan la capacidad de accionar, que logren llevar a la realidad la utopía. Hay una diferencia abismal entre quienes se quedan en el plano de los sueños y ciencia ficción y quienes tienen la disciplina, voluntad y coraje de hacer que las cosas pasen.
Si tu entorno está lleno de personas que solo "planean" pero nunca "ejecutan", terminarás contagiado de esa parálisis por análisis. El crecimiento real requiere de gente que no solo admire el paisaje contigo, sino que esté dispuesta a abrir la puerta y caminar hacia él. Ya sea tu equipo de trabajo, pareja o amigos.
Como investigadora, observo con frecuencia cómo nos empequeñecemos para caber en estos espacios. Nos doblamos las alas, bajamos el volumen de nuestra voz y limitamos nuestro talento o sentimientos con la esperanza de que, eventualmente, el entorno cambie y nos deje volar. Sin embargo, una jaula de cristal sigue teniendo una función: contenerte.
La psicóloga de Stanford, Carol Dweck, habla de la Mentalidad de Crecimiento (Growth Mindset) como la convicción de que nuestras capacidades pueden desarrollarse. Pero para que esta mentalidad dé frutos, necesita operatividad, irnos al terreno de la realidad.
El problema es que nos enamoramos del potencial y no de la realidad, y está bien soñar porque es el aliento del crecimiento, pero llega un momento en el que si nos quedamos en el "podría llegar a ser" o por lo que el trabajo "prometió que sería", esa esperanza se convierte en una cadena.
Es una pared de cristal. No la viste venir porque es transparente, porque es "bonita", pero el golpe es real. Estás en una jaula que no tiene barrotes, pero que te impide avanzar, sentir y vivir ese paisaje que ves… las “falsas esperanzas” y es ahí donde estas jaulas son adictivas. Nos entusiasma la vista, nos ilusiona el horizonte y nos quedamos ahí, pegados al vidrio, esperando que esa zanahoria finalmente se deje alcanzar. Pero hay una verdad científica y humana que debemos afrontar: si el cristal no se rompe, el panorama siempre será solo una imagen, nunca una realidad. Es cierto eso de “estamos hechos de sueños”, pero también de experiencias reales.
Estudios sobre la Disonancia Cognitiva (Festinger, 1957) explican que, cuando nos topamos una y otra vez con la pared de cristal, nuestro cerebro inventa justificaciones para no irse: "es que tiene mucho potencial", "es que pronto cambiarán las cosas", tu cerebro entra en un estado de Indefensión Aprendida (Seligman, 1972): dejas de intentar volar porque el entorno te ha enseñado que siempre te golpearás con el vidrio.
Cuando el entorno no es fértil, la planta no crece, no por falta de capacidad propia, sino por falta de nutrientes sociales y capacidad operativa. La ciencia social nos dice que somos, en gran medida, el resultado de nuestro ecosistema. Si tu ecosistema laboral, sentimental o familiar se convierte en un techo de cristal, tu mentalidad de crecimiento termina chocando contra un límite que tú no pusiste, pero que has aceptado habitar y esa sí es tu responsabilidad.
Reconocer que estás en una jaula de cristal es doloroso porque implica admitir que el panorama que tanto amas y te ilusiona es, en realidad, tu límite. La incidencia social empieza por uno mismo: por dejar de ser "espectadores" de nuestra propia vida.
La propuesta para esta semana, un día en la noche en compañía de un café y cuando el ruido del mundo se apague, pienses sobre estos tres puntos:
Identifica el cristal: Si sientes que te estás golpeando contra el mismo límite una y otra vez, a pesar de tu esfuerzo, es probable que no sea falta de talento, sino una barrera del entorno.
Deja de encogerte: Nadie debería hacerse pequeño para que otros no se sientan incómodos. Si tienes que doblar tus alas para caber en un lugar, ese lugar no es para ti.
El poder de dejar ir: Reconocer que un ciclo terminó es el acto valiente e inteligencia. Dejar ir una relación, un puesto o una dinámica familiar es despejar la pista para el verdadero despegue, es hacer espacio para que algo más suceda.
Busca gente de acción: Aléjate de los "vendedores de humo" y de quienes posponen la vida. La gente que hace que las cosas pasen tiene una estructura cerebral orientada a la resolución y brindar opciones para operar, y eso se contagia.
Todos hemos estado o podríamos estar en una jaula de cristal y para avanzar, es necesario realizar un ejercicio de perdón profundo. Perdónate por no haber visto el cristal antes; perdónate por haberte ilusionado de un potencial que no existía y por haber permitido que tus alas se guardaran por falta de espacio, de hecho debes reconocer tu valentía al apostar por un proyecto, un empleo, un conexión, un entorno, etc.
Atrévete a ver la jaula tal cual es, una estructura transparente que te permite mirar el cielo pero te prohíbe tocarlo. Romper el cristal no tiene por qué ser un acto de violencia o de caos, un acto de soberanía de ti mismo y de saber que el horizonte no es para verse, es para habitarse.
¡Rebeldía, Locura, Ciencia y Felicidad!
Con entusiasmo
Claudia Lizbet Soto Casillas
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