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COMUNICAR Y CONECTAR | CUANDO EL DISCURSO YA NO ALCANZA: EL HARTAZGO SOCIAL TERMINA REVENTANDO AL GOBIERNO

Donde los discursos oficiales ya no tranquilizan, las promesas ya no convencen y los mensajes políticos se convierten en eco vacío frente a una ciudadanía cansada.

Por Erika Macedo

Hay un momento en toda crisis social donde las palabras dejan de funcionar. Donde los discursos oficiales ya no tranquilizan, las promesas ya no convencen y los mensajes políticos se convierten en eco vacío frente a una ciudadanía cansada. Ese momento ocurre cuando la población descubre que detrás de muchos anuncios solamente existía simulación. Y cuando eso pasa, el enojo social deja de ser silencioso.

Lo ocurrido ayer en el Congreso del Estado de Zacatecas con la irrupción de productores de frijol no es un hecho aislado ni un simple episodio de tensión política. Es el síntoma visible de un cansancio acumulado durante años. Es la reacción de un sector que siente que fue escuchado en los discursos, pero abandonado en las soluciones.

El problema no comienza cuando los ciudadanos toman un recinto público para exigir respuestas. El problema comienza mucho antes: cuando los gobiernos sustituyen resultados por narrativa, cuando maquillan la realidad con campañas institucionales y cuando creen que la percepción puede sostener eternamente aquello que no funciona en la vida diaria de las personas.

La política moderna muchas veces se parece a una gran escenografía iluminada: luces, slogans, videos emotivos y conferencias perfectamente calculadas. Pero cuando la ciudadanía baja del escenario y vuelve a casa, se encuentra con carreteras destruidas, cosechas sin precio justo, inseguridad, transporte deficiente y oportunidades cada vez más lejanas. Ahí es donde el mensaje se rompe.

Los productores de frijol que irrumpieron ayer no solamente llevaban consignas; llevaban frustración. Llevaban el peso de una economía rural golpeada, de apoyos insuficientes y de una sensación permanente de abandono. Porque el campo no vive de discursos. El campo vive de resultados, de comercialización justa, de financiamiento y de condiciones dignas para producir.

Cuando un gobierno comunica mucho pero resuelve poco, la población comienza a desconectarse emocionalmente de sus instituciones. La confianza pública se erosiona lentamente, como una presa agrietada que aparenta firmeza hasta que la presión termina reventándola. Y entonces llegan las protestas, las irrupciones y el enojo colectivo.

La ciudadanía ya no quiere mensajes fabricados para redes sociales; quiere respuestas reales. Quiere gobiernos capaces de escuchar antes de que el conflicto explote. Porque ignorar el malestar social no lo desaparece: solamente lo acumula.

En política existe una verdad incómoda: el engaño puede administrar la percepción por un tiempo, pero jamás sustituirá la realidad. Tarde o temprano la realidad toca la puerta del poder, y cuando entra, normalmente lo hace acompañada del hartazgo ciudadano.

Hoy Zacatecas vive una advertencia clara. Los gobiernos deben entender que comunicar no es manipular emociones; comunicar también implica cumplir, resolver y sostener la confianza pública con hechos.

Porque cuando el pueblo siente que le mintieron demasiado tiempo, deja de pedir explicaciones… y comienza a exigirlas.

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