COMUNICAR Y CONECTAR | ¿LAS TENDENCIAS EN REDES SOCIALES CONSTRUYEN UNA COMUNICACIÓN ASERTIVA?
Las tendencias son como fuegos artificiales: brillan intensamente, capturan miradas y generan emoción inmediata, pero su luz es breve. En comunicación, especialmente en la política y lo institucional, esa fugacidad puede ser tan poderosa como peligrosa.
Por Erika Macedo
Vivimos en la era de las tendencias. Cada día, las redes sociales nos dictan qué decir, cómo decirlo y, muchas veces, qué pensar. Un audio viral, un hashtag en tendencia o un reto de quince segundos parecen marcar el pulso de la conversación pública. Pero frente a este océano de modas digitales surge una pregunta inevitable: ¿seguir tendencias garantiza una comunicación asertiva o solo nos sube a una ola que no siempre sabemos a dónde nos lleva?
Las tendencias son como fuegos artificiales: brillan intensamente, capturan miradas y generan emoción inmediata, pero su luz es breve. En comunicación, especialmente en la política y lo institucional, esa fugacidad puede ser tan poderosa como peligrosa. Una tendencia bien utilizada puede abrir puertas, generar cercanía y conectar con audiencias jóvenes; mal empleada, puede trivializar causas profundas o vaciar de contenido mensajes que deberían ser firmes y responsables.
La comunicación asertiva no se trata solo de hablar fuerte o de ser visible, sino de decir lo que se piensa con claridad, respeto y propósito. En ese sentido, las tendencias no son el mensaje, son apenas el vehículo. El problema surge cuando el vehículo se vuelve más importante que el destino. Cuando adaptamos nuestro discurso únicamente para encajar en el algoritmo, corremos el riesgo de perder identidad, coherencia y credibilidad.
En redes sociales, muchas voces repiten lo que está de moda como si fuera un eco interminable. Pero comunicar no es repetir, es construir sentido. La asertividad exige intención: saber a quién hablo, por qué hablo y para qué hablo. Una tendencia puede ser una puerta de entrada, pero nunca debe sustituir al contenido ni a los valores que sostienen un mensaje.
Desde una mirada política y social, esto cobra mayor relevancia. Las causas públicas no pueden reducirse a likes o vistas. La justicia, la igualdad, el bienestar o la dignidad no son trends; son compromisos. Usar una tendencia para visibilizarlos puede ser estratégico, pero solo si se hace con responsabilidad, contexto y humanidad. De lo contrario, se corre el riesgo de convertir problemas reales en espectáculos pasajeros.
La comunicación asertiva en redes es como caminar sobre una cuerda floja: de un lado está la rigidez que no conecta, del otro la ligereza que banaliza. El equilibrio está en saber cuándo sumarse a la conversación digital y cuándo marcar una postura propia, aunque no esté de moda. Porque también comunicar es saber decir “no” al ruido para que el mensaje no se diluya.
Las tendencias pasan, pero la palabra permanece. En un entorno saturado de mensajes, la verdadera fuerza está en la autenticidad, en la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Las redes pueden ser aliadas poderosas, sí, pero solo cuando se usan como herramientas y no como brújulas.
Al final, la comunicación asertiva no nace del algoritmo, nace de la conciencia. Y en tiempos donde todo corre, detenerse a pensar antes de publicar también es un acto político.