El calendario del frío: cuando enero le habla al campo zacatecano

Luis Martín Badillo

TEXTO Y FOTO: MERARI MARTÍNEZ

ZACATECAS, ZAC.- En Zacatecas, el amanecer de enero no solo cala en los huesos: también despierta una antigua forma de leer el porvenir. Entre escarchas que cubren los tejados y un aire que corta la respiración, las Cabañuelas regresan puntuales, como cada inicio de año, para convertirse en el termómetro natural con el que el campo intenta descifrar su destino.

Desde el primer día de enero, los ojos de los campesinos se levantan hacia el cielo. El sol, las nubes, el viento y hasta la crudeza del frío se observan con atención casi ritual. Cada jornada representa un mes del año que comienza: el 1 de enero anuncia cómo será enero; el 2, febrero; y así, paso a paso, hasta llegar al día 12. Luego, el tiempo parece caminar hacia atrás y los días siguientes vuelven a narrar el año en reversa, afinando los presagios que marcarán la siembra.

En comunidades rurales del estado, esta tradición no es folclor ni simple superstición. Es memoria heredada. Las Cabañuelas siguen siendo una guía para decidir cuándo preparar la tierra, cuándo arriesgar la semilla o cuándo esperar. Un amanecer nublado puede significar lluvias generosas; un día seco y helado, tiempos difíciles. El clima se convierte así en un lenguaje que solo quienes viven del campo han aprendido a traducir.

Mientras las temperaturas descienden y el invierno endurece los caminos, Zacatecas revive una práctica que une pasado y presente. En un mundo dominado por pronósticos digitales y satélites, las Cabañuelas resisten como una forma íntima de entender la naturaleza. Aquí, el frío no solo anuncia el invierno: también escribe, día a día, la esperanza de todo un año agrícola.

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