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Adrián Nevares Opinión de Adrián Nevares

ENTRE CIFRAS Y REALIDADES | EQUIDAD E INCLUSIÓN: CONSTRUIR PUENTES, NO LEVANTAR BARRERAS

La equidad y la inclusión son principios fundamentales para construir espacios educativos más justos, respetuosos y democráticos

La equidad y la inclusión son principios fundamentales para construir espacios educativos más justos, respetuosos y democráticos. Sin embargo, promover estos valores implica también reflexionar sobre las formas en que se impulsan, los métodos que se utilizan y las relaciones que se establecen con las personas y las instituciones involucradas.

Buscar la equidad no significa necesariamente confrontar a quienes piensan diferente, ni convertir cada desacuerdo en una disputa. Por el contrario, implica reconocer las diferencias, escuchar las distintas perspectivas y generar condiciones para que todas las personas tengan oportunidades de participar, expresarse y desarrollarse con dignidad.

En las instituciones educativas, particularmente en una universidad pública, la inclusión debe construirse mediante el diálogo, la sensibilización, la formación y el establecimiento de acuerdos. Las transformaciones culturales requieren tiempo, argumentos sólidos y disposición para cuestionar prácticas excluyentes, pero también apertura para comprender las preocupaciones, resistencias y perspectivas de los demás.

Esto no significa renunciar a los principios ni tolerar actos discriminatorios. Cuando se vulneran derechos, es necesario actuar con firmeza y establecer límites claros. No obstante, firmeza no es sinónimo de hostilidad, así como defender una causa justa no exige descalificar a quienes todavía no la comprenden o no coinciden plenamente con ella.

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¿Es posible construir inclusión excluyendo a quienes piensan diferente? Esta pregunta invita a revisar nuestras propias prácticas. Si el propósito es generar ambientes seguros, respetuosos y equitativos, nuestras formas de actuar también deben reflejar esos valores.

La legitimidad de una causa no depende de cuántas confrontaciones genere, sino de su capacidad para transformar realidades, ampliar derechos y construir consensos sin invisibilizar las diferencias.

En definitiva, la equidad y la inclusión deben ser objetivos compartidos, no banderas individuales que dividan a las comunidades, y menos aún cuando quienes las enarbolan se autodenominan representantes de determinados sectores sin construir consensos ni propiciar el diálogo con quienes también forman parte de ellos. La verdadera representación se construye mediante la escucha, la participación, el respeto y la legitimidad de las decisiones colectivas. Educar para la inclusión significa aprender a convivir, dialogar y resolver diferencias, entendiendo que la defensa de los derechos debe unir voluntades y no convertirse en un instrumento de confrontación o protagonismo personal.

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