Entre pavo, chamorro y esperanza: el sabor que resiste en el corazón de Zacatecas
Texto y Foto: Merari Martínez
ZACATECAS, ZAC.- El aroma del pavo recién horneado se mezcla con el frío decembrino en el centro de Zacatecas. Dentro del Café Lechero, un pequeño pero emblemático restaurante, la temporada navideña no solo se mide en ventas, sino en resistencia, tradición y amor por la tierra. Al frente del lugar está Víctor Manuel Pimentel, un hombre que desde hace 16 años ha hecho de la gastronomía un acto de identidad y lucha cotidiana.
Durante los primeros tres fines de semana de diciembre, el Café Lechero se convierte en punto de encuentro para zacatecanos y turistas que buscan algo más que comida: buscan tradición. Las tortas de pavo, ya famosas en la ciudad, vuelven a ocupar el protagonismo junto a los chamorros, platillo que ha conquistado paladares por su generosidad y sabor. Este año, por primera vez, el menú navideño se atrevió a innovar con la preparación de un lechón para la cena de Navidad.
Además de los paquetes por encargo, el restaurante prepara chamorros extras para quienes dejan las compras a última hora. “Siempre hay alguien que se queda sin cena y aquí tratamos de resolver”, comenta Pimentel, mientras supervisa la cocina que no descansa.
La torta de pavo, explica, nació como una idea traída desde la Ciudad de México y hoy ya es una tradición local. Para él, es importante crear una cultura del pavo, donde el cliente confíe en el proceso y en la calidad del producto. “La gente compra un pavo y no sabe cómo le va a llegar: si está seco, si tiene buen sabor. Aquí saben exactamente qué están comprando”, afirma.
El chamorro, originario de Pachuca, Hidalgo, llega al plato acompañado de cueritos, nopalitos y una ensalada de piña en almíbar con manzana, cebolla morada y habanero. Con un costo accesible, el platillo alcanza para compartir entre dos o tres personas, reforzando la idea de convivencia que caracteriza estas fechas.
Al hacer un balance del año, Pimentel reconoce que cierra con satisfacción, pero no oculta su preocupación. Desde su trinchera, lanza un llamado a las autoridades estatales y a las instituciones para activar la economía, fortalecer el comercio local y mejorar la cultura de servicio al turista.
“Zacatecas merece más, yo amo mucho a Zacatecas”, dice con firmeza.
Para él, una economía fortalecida también significaría oportunidades para los jóvenes, evitando que tengan que migrar a otros estados o incluso al extranjero en busca de empleo. “Este diciembre fue tranquilo, en paz, pero económicamente faltó detonante. Tal vez los pagos no llegaron a tiempo y eso nos limitó en ventas”, reflexiona.
Aun así, el agradecimiento no se pierde. “Estamos agradecidos con Dios por lo que vendemos, pero Zacatecas no merece quedarse así”, sentencia, con la voz cargada de emoción.
Entre charolas, hornos encendidos y mesas ocupadas, el Café Lechero se mantiene como un recordatorio de que, en Zacatecas, la gastronomía no solo alimenta el cuerpo, también sostiene la esperanza. Porque como dice Pimentel, sin rodeos y desde el corazón: “Zacatecas merece algo mejor, chingao”.
Finalizó con desearles a todos los zacatecanos un feliz año 2026.