ENTREGA SHEINBAUM RECONOCIMIENTO AGRARIO EN SAN MIGUEL DE ALLENDE
En una explanada donde la historia llevaba décadas sin resolverse, la entrega de documentos cambió el curso de un conflicto que se prolongó por 80 años. Ahí, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, encabezó el reconocimiento oficial del Ejido Nuevo Cruz del Palmar, una decisión que cierra una disputa agraria histórica y se inscribe dentro del Plan de Justicia para los Pueblos Chichimeca y Otomí del noreste de Guanajuato y el semidesierto de Querétaro.
ECODIARIO
SAN MIGUEL DE ALLENDE, GTO.- En una explanada donde la historia llevaba décadas sin resolverse, la entrega de documentos cambió el curso de un conflicto que se prolongó por 80 años. Ahí, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, encabezó el reconocimiento oficial del Ejido Nuevo Cruz del Palmar, una decisión que cierra una disputa agraria histórica y se inscribe dentro del Plan de Justicia para los Pueblos Chichimeca y Otomí del noreste de Guanajuato y el semidesierto de Querétaro.
Durante el acto, Sheinbaum sostuvo que la justicia para los pueblos no puede quedarse en el papel. Dijo que debe construirse en el territorio, con reconocimiento de la tierra y acuerdos directos con las comunidades. La creación del nuevo ejido, señaló, es resultado de ese trabajo conjunto y del consenso para devolver tierras que durante décadas estuvieron en disputa.
El reconocimiento forma parte de una estrategia más amplia que incluye la expropiación de 701 hectáreas para la protección y recuperación de la Zona de Monumentos Arqueológicos Cañada de la Virgen, así como inversiones que, de acuerdo con autoridades federales, suman 793.8 millones de pesos y han beneficiado a más de 119 mil personas de 111 comunidades indígenas.
En la región, el plan contempla desde infraestructura social y apoyos a la vivienda hasta programas productivos, caminos artesanales y acciones para preservar lenguas originarias. También avanza la elaboración de un catálogo regional de sitios sagrados y la instalación de casas comunitarias dedicadas a las lenguas chichimeca y otomí.
Para integrantes del ejido, el acto no solo representa un trámite administrativo, sino el cierre de una deuda histórica. La entrega de la documentación agraria marca, para muchas familias, el reconocimiento legal de una tierra que siempre consideraron propia y la posibilidad de mirar al futuro con mayor certeza jurídica.