Patricia Ganem Alarcón Opinión de Patricia Ganem Alarcón

REGRESAR A CLASES NO SIGNIFICA EMPEZAR DE CERO

"📚✨ El éxito de un nuevo ciclo escolar no debería medirse únicamente por cuántos estudiantes regresaron, sino por cuántos lograron permanecer, aprender y avanzar🎓"

El comienzo de un ciclo escolar suele presentarse como una oportunidad para renovar propósitos, organizar el trabajo y recibir con entusiasmo a las y los estudiantes. De acuerdo con los últimos datos publicados por la Secretaría de Educación Pública (SEP), durante el ciclo escolar 2024-2025 Zacatecas contaba con más de 18 mil docentes de educación básica y más de 4 mil escuelas. Sin embargo, para miles de estos docentes, el regreso a clases no significa comenzar desde cero: significa recibir grupos marcados por ausencias, rezagos y aprendizajes pendientes.

La primera responsabilidad de una maestra o un maestro no consiste únicamente en conocer el programa, preparar el aula y elaborar una planeación. Antes de avanzar, debe responder algunas preguntas: ¿regresaron todos los estudiantes?, ¿quiénes faltan y por qué?, ¿qué aprendieron realmente durante el ciclo anterior?, ¿quiénes requieren apoyos adicionales?, ¿qué estudiantes se encuentran en riesgo de abandonar la escuela?

Una de las primeras señales de este desafío es la reducción de la matrícula. De acuerdo con las series históricas de la SEP, la matrícula de educación básica en Zacatecas pasó de 360,433 estudiantes en el ciclo 2020-2021 a 338,046 en 2024-2025. Es decir, en ese periodo se registró una disminución de 22,387 estudiantes, equivalente a  6.2%

Además, en Zacatecas, durante el ciclo 2023-2024, la tasa de abandono fue de 0.3% en primaria, 2.8% en secundaria, 8.9% en educación media superior y 10.3% en educación superior (ECR, 2024). Esto nos habla de cómo el riesgo aumenta conforme avanza la edad y el nivel educativo.

El problema se vuelve todavía más difícil de atender cuando no se cuenta con información oportuna. El Sistema de información y gestión educativa de la SEP registra como “no disponibles” los datos de matrícula correspondientes al ciclo 2024-2025. Sin datos actualizados, las autoridades y las propias escuelas tienen mayores dificultades para conocer la magnitud real del problema, identificar dónde se concentra y diseñar respuestas focalizadas y efectivas.

Sin embargo, el abandono escolar no es el único reto. Aun cuando un estudiante regresa físicamente al aula, puede hacerlo sin haber recuperado los aprendizajes fundamentales del grado anterior. El resultado es un salón en el que conviven estudiantes con niveles de aprendizaje muy distintos y donde el docente debe intentar avanzar en el programa mientras atiende rezagos que, en algunos casos, se acumularon durante años.

Los resultados de PISA 2022 muestran la dimensión del desafío. Solamente 34% de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel básico de desempeño en matemáticas; es decir, aproximadamente dos de cada tres se encontraban por debajo de ese nivel. En lectura, 53% alcanzó el nivel mínimo y en ciencias lo hizo 49%. Además, los resultados de México disminuyeron respecto de 2018 en matemáticas y ciencias.

El rezago educativo se presenta cuando un estudiante no ha adquirido los aprendizajes correspondientes, cursa un grado distinto al esperado para su edad, interrumpe temporalmente sus estudios o no logra concluir la educación obligatoria. En Zacatecas, se estima que 28.1% de la población de 15 años y más se encuentra en situación de rezago educativo (El Economista, 2025). Y en este mismo estado, el 3.2% de la población del mismo rango de edad no es capaz de leer ni escribir (ECR, 2024-2025).

Pero ¿qué hay detrás de las ausencias y de las trayectorias escolares interrumpidas? La pérdida de estudiantes no siempre comienza con la decisión de abandonar la escuela; en muchos casos comienza cuando asistir se vuelve demasiado costoso.

En México, la gratuidad de la educación pública no siempre se traduce en una gratuidad efectiva para las familias. Aunque no se cobre colegiatura y algunos gobiernos entreguen uniformes, mochilas o paquetes de útiles; asistir y permanecer en la escuela implica gastos cotidianos que pocas veces se consideran de manera integral: transporte, alimentación, materiales adicionales, internet, actividades escolares y otros costos que pueden representar una carga significativa para los hogares.

A esto se suma el incremento en el precio de algunos productos escolares. De acuerdo con un estudio del IMCO, entre junio de 2025 y junio de 2026 aumentaron los precios de diversos artículos escolares: los cuadernos se encarecieron 4.6%, los libros de ocio 4.2%, los libros de texto 3.5% y las plumas y lápices 2.0%.

Por eso, el regreso a clases no debería medirse únicamente por el número de escuelas abiertas, estudiantes inscritos o paquetes escolares entregados. El verdadero desafío comienza cuando las puertas de las escuelas vuelven a abrirse: saber quién regresó, quién no lo hizo, quién está en riesgo de abandonar, qué aprendizajes quedaron pendientes y qué condiciones necesita cada estudiante para permanecer y aprender.

Cada ciclo escolar comienza con la oportunidad de hacerlo mejor. Pero para aprovecharla, primero debemos reconocer una realidad que no puede seguir ignorándose: los estudiantes no regresan a las aulas desde el mismo punto de partida. Se necesitan sistemas de alerta temprana, información educativa oportuna y actualizada, estrategias de recuperación de aprendizajes y políticas capaces de atender las causas sociales que se encuentran detrás de la inasistencia y el abandono.

Por eso, el éxito de un nuevo ciclo escolar no debería medirse únicamente por cuántos estudiantes regresaron, sino por cuántos lograron permanecer, aprender y avanzar.


*Coordinadora de Investigación del Observatorio de la Educación de Educación con Rumbo. Experta en docencia y educación.

Comparte esta nota:

Noticias Relacionadas