Issac Félix Opinión de Issac Félix

PALABRA VIVA | HAY CARGAS QUE NO NOS CORRESPONDEN

Hay situaciones en las que, con la intención de ayudar, terminamos involucrándonos tanto en los problemas de otra persona que comenzamos a vivirlos como si fueran nuestros.



“Entre ayudar al prójimo y asumir su responsabilidad”: una reflexión a la luz de Gálatas.



Hay situaciones en las que, con la intención de ayudar, terminamos involucrándonos tanto en los problemas de otra persona que comenzamos a vivirlos como si fueran nuestros. Nos preocupamos por sus decisiones, intentamos evitar consecuencias, buscamos soluciones y, sin darnos cuenta, una situación ajena termina ocupando un espacio que no debería tener en nuestra propia vida.

¿Hasta dónde debemos ayudar y en qué momento debemos dejar que cada persona asuma lo que le corresponde?

La Biblia ofrece una respuesta interesante. En el libro de Gálatas, capítulo 6 encontramos dos enseñanzas que, a primera vista, podrían parecer contradictorias. Primero se nos dice: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2); pero unos versículos después se afirma: “Porque cada uno llevará su propia carga” (Gálatas 6:5).

No se trata de dos enseñanzas opuestas: Una habla de la solidaridad que debemos tener con quienes atraviesan dificultades; la otra, de la responsabilidad personal que nadie puede asumir por nosotros.

Podemos acompañar a alguien en su dolor, apoyarlo en una dificultad o tenderle la mano cuando lo necesita. Pero hay decisiones que solamente esa persona puede tomar y cambios que solamente ella puede realizar. Ayudar no significa sustituir su voluntad ni impedir que enfrente aquello que le corresponde.

Esto también exige sabiduría, porque algunas veces, por afecto o preocupación, confundimos ayudar con resolver. Queremos evitarle a alguien el sufrimiento, el fracaso o las consecuencias de una decisión, cuando quizá lo que necesita no es que alguien viva por él, sino que encuentre la fortaleza para hacerse responsable de su propia vida.

Nuestro Señor Jesucristo mostró compasión, perdonó, enseñó y acompañó a quienes acudían a Él. Pero también dejó que cada persona respondiera libremente ante sus palabras y sus decisiones. La fe cristiana reconoce precisamente esa responsabilidad personal. Por eso la Escritura dice: “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12).

Y mientras acompañamos a otros en sus procesos, hay algo que no debe faltar: la oración, esta acción no como último recurso cuando ya nada funciona, sino como parte de todo el camino. Se puede orar antes de hablar, mientras se ayuda, cuando se necesita tomar una decisión y cuando llega el momento de establecer un límite. Se puede pedir sabiduría para actuar correctamente, paciencia para acompañar, fortaleza para no asumir lo que corresponde a otro y, sobre todo, pedir a Dios que obre en la vida de aquella persona de una manera que nosotros no podemos hacerlo.

Porque hay una diferencia entre hacer algo por alguien y hacer algo que solamente esa persona puede hacer por sí misma. Quizá ahí encontramos uno de los mayores retos de la solidaridad: saber ayudar sin ocupar el lugar que le corresponde al otro.

No se trata de volvernos indiferentes ante los problemas ajenos. Al contrario, se trata de ayudar con responsabilidad, sin perder de vista nuestros propios límites y sin convertirnos en responsables de decisiones que no nos pertenecen.

Hay ocasiones en las que amar significa acompañar. Otras, aconsejar. Algunas veces, intervenir. Y también existen momentos en los que lo más correcto es dejar que la persona enfrente su responsabilidad, mientras seguimos orando por ella.

Por eso, quizá la paz no consiste en lograr que todos los problemas a nuestro alrededor desaparezcan, sino en aprender a distinguir entre aquello que Dios nos pide hacer y aquello que debemos dejar en sus manos.

Ayudemos cuando podamos. Acompañemos cuando sea necesario. Oremos siempre. Pero aprendamos también a reconocer las cargas que no nos corresponden.

Dios bendiga tu vida…nos leemos en 15 días…



*Discípulo de Cristo


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