LA FAMILIA | LA EMPATÍA: COMPRENDER DESDE DENTRO

La palabra empatía proviene del griego empátheia, que significa “sentir dentro” o “padecer con”. Su etimología nos ofrece una clave esencial: ser empáticos implica entrar en el mundo interior del otro, intentar comprender sus emociones, pensamientos y circunstancias desde su propia perspectiva, no desde la nuestra.

Luis Martín Badillo
LA FAMILIA | LA EMPATÍA: COMPRENDER DESDE DENTRO

“Trata de comprender antes de intentar ser comprendido.”
Stephen R. Covey

Por Susana Sánchez*

En la vida familiar, donde conviven afectos profundos, diferencias de carácter y rutinas exigentes, la empatía se convierte en un pilar fundamental para cuidar y fortalecer los vínculos. No es una palabra de moda ni un concepto abstracto: es una actitud diaria que transforma la manera en que nos relacionamos con quienes más queremos.

La palabra empatía proviene del griego empátheia, que significa “sentir dentro” o “padecer con”. Su etimología nos ofrece una clave esencial: ser empáticos implica entrar en el mundo interior del otro, intentar comprender sus emociones, pensamientos y circunstancias desde su propia perspectiva, no desde la nuestra. En la familia, este ejercicio es especialmente necesario, porque el exceso de confianza puede llevarnos a suponer en lugar de escuchar.

El psiquiatra y experto en familia Aquilino Polaino ha señalado que muchas crisis familiares no nacen de grandes conflictos, sino de la incapacidad de comprender lo que el otro está viviendo. Cuando no escuchamos con atención o respondemos de forma automática, cerramos la puerta al diálogo y aumentamos la distancia emocional. La empatía, en cambio, abre espacios de confianza y respeto mutuo.

¿Cómo se traduce esto en situaciones concretas? Por ejemplo, cuando un hijo adolescente se muestra irritable o distante, la empatía invita a preguntarnos qué inquietudes o miedos puede estar atravesando, en lugar de reaccionar solo con reproches. En la relación de pareja, ser empáticos significa reconocer el cansancio del otro, validar sus emociones y evitar minimizar lo que siente, aunque no lo compartamos. Con los adultos mayores, la empatía se expresa en la paciencia, entendiendo que los cambios físicos o emocionales pueden generar inseguridad o frustración.

El filósofo Tomás Melendo recuerda que amar es querer el bien del otro, y que ese bien comienza muchas veces por la comprensión y la tolerancia. En la familia, amar no es únicamente sentir afecto, sino decidir tratar al otro con respeto, incluso en momentos de tensión. La tolerancia, bien entendida, no es resignación, sino la capacidad de acoger las diferencias sin romper el vínculo.

Practicar la empatía requiere gestos sencillos y constantes: escuchar sin interrumpir, preguntar antes de juzgar, pedir perdón cuando nos equivocamos y expresar afecto con palabras y acciones. Son pequeños actos que, vividos con amor, fortalecen los lazos familiares y convierten el hogar en un espacio de apoyo y crecimiento mutuo donde todos buscamos la felicidad y nos sentimos parte de un sistema que nos acepta, nos acoge y nos sostiene.

*Maestra en Educación Familiar.

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