Opinión de
Issac Félix
PALABRA VIVA | CUANDO NUESTRA VIDA NO TIENE REY
El pueblo olvidaba constantemente su pacto con Dios y terminaba inclinándose hacia la idolatría, la desobediencia y la inmoralidad.
“La falta de dirección espiritual termina afectando nuestras decisiones y propósito”
Durante mi lectura del libro de Jueces encontré una de las etapas más complejas en la historia de Israel. Después de establecerse en la tierra prometida, comenzó una evidente decadencia espiritual y moral. El pueblo olvidaba constantemente su pacto con Dios y terminaba inclinándose hacia la idolatría, la desobediencia y la inmoralidad.
La historia se repetía una y otra vez, Israel se apartaba de Dios, llegaba la opresión, clamaban por ayuda y Dios levantaba líderes para guiarlos y liberarlos, como Débora, Gedeón y Sansón. Había un tiempo de paz, pero después volvían a caer en los mismos errores.
El libro resume aquella época con una frase contundente en Jueces Capítulo 21, versículo 25. “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía”.
Más allá de la ausencia de un rey humano, la frase refleja algo mucho más profundo…lo que ocurre cuando las personas dejan de permitir que Dios gobierne su vida.
Cuando Dios deja de ocupar el centro, cada quien comienza a vivir según sus emociones, deseos y opiniones, lo correcto deja de definirse por principios y verdad, y comienza a depender de lo que “parece bien” a cada persona. Aunque eso aparenta libertad, muchas veces termina produciendo vacío, confusión, división y desorden.
La realidad es que seguimos viviendo algo parecido en la actualidad, pues muchas decisiones son guiadas únicamente por el orgullo, la conveniencia, el enojo o el impulso del momento. Vivimos en una cultura que constantemente repite frases como: “haz lo que te haga feliz”, “sigue tu corazón” o “vive como quieras”, sin embargo, no todo lo que parece correcto termina bien.
Proverbios Capítulo 14, versículo 12 lo expresa de esta manera: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.
El problema en tiempos de los jueces no era que el pueblo creyera estar haciendo algo malo, muchas veces pensaban que sus decisiones eran correctas. Y ahí está precisamente el peligro, pues cuando el ser humano deja de buscar la dirección de Dios, comienza a confiar únicamente en su propio criterio.
Existen caminos que parecen buenos, decisiones aparentemente convenientes, actitudes que parecen justificables, deseos que lucen inofensivos o estilos de vida aprobados por la mayoría. Pero una vida guiada solamente por lo que “yo pienso”, o “yo siento” puede terminar alejándonos del propósito y la dirección que Dios tiene para nosotros.
La historia del libro de Jueces no solo habla del pasado, también refleja mucho de nuestro presente. Cuando cada persona define su propia verdad sin principios sólidos, tarde o temprano aparecen las consecuencias como el desorden, vacío, violencia, división y sufrimiento. Por eso, quizá una de las preguntas más importantes hoy no es qué quiero hacer con mi vida, sino quién está gobernando mi corazón.
Dios bendiga tu vida, nos leemos en 15 días…
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