Opinión de
Paco Solís
PUNTO FINO | INFORMAR Y RENDIR CUENTAS
Estas semanas presenciamos varios informes.
Al final, la mejor manera de rendir cuentas no está solamente en un discurso. La mejor manera de rendir cuentas está en las obras que la gente puede utilizar, en los servicios que recibe, en las calles por las que transita y en las oportunidades que una política pública puede generar para mejorar su vida.
El domingo pasado, la Presidenta Claudia Sheinbaum acudió a Plaza de Armas de la capital zacatecana para dar un mensaje de rendición de cuentas ante el pueblo. El 8 de septiembre, el Gobernador del Estado rindió su informe ante la Legislatura y la ciudadanía. En Guadalupe el día de hoy se presenta el informe sobre el estado que guarda la administración municipal.
Todos estos actos generan atención entre quienes siguen de cerca la política. Sin embargo, hay un grupo mucho más amplio de ciudadanas y ciudadanos que, aunque no acude a eventos ni está pendiente de protocolos, sí observa todos los días lo que hacen —o dejan de hacer— sus gobiernos.
En esto encontramos el punto fino en la manera de rendir cuentas.
Durante mucho tiempo, el informe de gobierno representó el momento en que la ciudadanía conocía, de manera concentrada, lo realizado durante un año. Hoy la comunicación gubernamental es mucho más constante. En el caso del Gobierno de México, la conferencia mañanera del pueblo se ha convertido en un espacio cotidiano para informar, construir una narrativa, fijar una agenda y comunicar directamente lo que ocurre en la administración.
Sus críticos pueden señalar que los informes terminan siendo una acumulación de los temas expuestos durante las mañaneras. Pero precisamente esa comunicación permanente tiene un valor: ya no es necesario esperar un año para saber qué está haciendo el gobierno.
Otro punto importante con el que el gobierno de México ha transformado la rendición de cuentas ocurre cuando una familia recibe un apoyo; cuando una joven puede continuar sus estudios o cuando una madre de familia tiene recursos para comprar útiles, uniformes o zapatos para sus hijos.
Las políticas de bienestar han llevado esa relación entre gobierno y ciudadanía a un terreno mucho más directo. Millones de familias reciben de manera periódica apoyos económicos que no sólo representan una cifra en un presupuesto: para muchas personas significa la diferencia entre completar su gustos mensual o no y poder atender requerimientos de educación de sus hijos.
Hace algunas semanas circuló en redes sociales y medios tradicionales el testimonio de una madre de familia que contaba que, con el apoyo recibido, pudo comprar tortas para compartir con sus hijos. Puede parecer algo pequeño para quien tiene cubiertas sus necesidades básicas, pero para una familia con ingresos limitados puede representar mucho más.
Ahí también hay una forma de rendir cuentas: cuando una política pública se convierte en algo que las personas pueden sentir directamente en su vida cotidiana.
No es gratuito que la presidenta Claudia Sheinbaum mantenga niveles de aprobación superiores al 70 por ciento en diversas mediciones. Más allá de simpatías políticas o ideológicas, existe una realidad que ningún actor político debería ignorar: para una parte importante de la población, la relación con el gobierno ha cambiado porque los programas para el bienestar forman parte de su vida diaria.
Por supuesto, los discursos, los eventos, los documentos y los protocolos siguen siendo indispensables. Son parte del ejercicio democrático, de la transparencia y de los pesos y contrapesos. La oposición, los grupos parlamentarios, los medios y quienes analizan la política tienen la responsabilidad de revisar, cuestionar y señalar aquello que consideren necesario.
Pero mientras unos analizan los documentos, millones de personas evalúan al gobierno desde otro lugar: desde la calle, desde su casa y desde su propia experiencia.
Desde la perspectiva de Guadalupe, considero importante destacar la renovación de la carpeta asfáltica del Boulevard Metropolitano en su tramo correspondiente a nuestro municipio. Es una obra que se percibe directamente al transitar por esta vía y que refleja inversión en infraestructura.
Algo similar puede observarse en caminos que comunican con nuestras comunidades, donde durante los últimos años se ha registrado una mejora gradual de las condiciones de las vialidades. También es importante reconocer los avances en materia de seguridad, un tema especialmente sensible para las familias.
Infraestructura, seguridad y bienestar son políticas que, cuando funcionan, terminan teniendo un impacto concreto en la vida de las personas.
En Guadalupe otros ejemplos de lo que se palpa día a día son las gestiones para las Viviendas del Bienestar y la proyección de la ampliación de la Vialidad Siglo XXI hacia San Ramón, pasando por Martínez Domínguez, La Zacatecana y Cieneguitas, hasta conectar con la nueva estación del PlataBus.
Por supuesto que todavía falta mucho por hacer. Como autoridades y como sociedad guadalupense tenemos la responsabilidad de señalar lo que hace falta, gestionar soluciones y trabajar hasta conseguirlas.
Al final, la mejor manera de rendir cuentas no está solamente en un discurso. La mejor manera de rendir cuentas está en las obras que la gente puede utilizar, en los servicios que recibe, en las calles por las que transita y en las oportunidades que una política pública puede generar para mejorar su vida.
La ciudadanía evalúa a sus gobiernos con información, pero también con experiencia. Y esa evaluación, tarde o temprano, llega a las urnas. La rendición de cuentas, entonces, no ocurre una vez al año. Ocurre todos los días.
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