RESISTE LA TRADICIÓN: ZACATECAS CONVIERTE LAS CALLES EN CAMINO DE RECUERDOS Y CELEBRA A SUS MUERTOS

Con versos como «El muerto pide camote», niñas y niños recorren casas y comercios para recibir dulces, una costumbre zacatecana que pasa de generación en generación

Merari Martínez
Foto: Merari Martínez

ZACATECAS, ZAC.- Entre rostros pintados, disfraces, flores de cempasúchil y voces infantiles que recorren las calles, Zacatecas despide un año más con una de las expresiones más arraigadas de su identidad popular: la tradición de salir a pedir el «muertito», una costumbre que transforma puertas, comercios y barrios en escenarios de convivencia, memoria y celebración.

Niños, niñas, adolescentes y adultos participan en esta singular manifestación que, generación tras generación, mantiene viva la conexión entre la fiesta, la cultura y el recuerdo de quienes se adelantaron en el camino.

La escena se repite de casa en casa. Los grupos llegan disfrazados y anuncian su presencia con versos que forman parte del imaginario colectivo zacatecano:

«El muerto pide camote y no le dan porque se le cae el bigote, la viuda pide una ayuda para su pobre criatura...».

La petición no es solamente por dulces o alguna golosina; representa también la permanencia de una tradición que encuentra en la participación de las nuevas generaciones su mayor garantía de continuidad.

Cuando reciben su recompensa, los pequeños se despiden con otra expresión característica, cargada de picardía y gratitud:

«Esta casa sí está bendita porque nos dieron comidita».

Así, entre risas, cantos y personajes que evocan el mundo de los difuntos, las calles se convierten en espacios donde la memoria colectiva cobra vida. No se trata únicamente de disfrazarse o recorrer los vecindarios: es una manera de apropiarse de las costumbres, transmitirlas y evitar que desaparezcan ante el paso del tiempo.

Foros 1

La celebración encuentra su significado más profundo el 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos en el calendario católico y jornada central de la conmemoración mexicana del Día de Muertos, dedicada especialmente a recordar a los adultos fallecidos.

En los hogares, la memoria toma forma en los altares y ofrendas. Fotografías de los seres queridos, flores de cempasúchil, veladoras, pan de muerto, copal y alimentos que disfrutaban en vida se disponen como símbolos de bienvenida para quienes permanecen presentes en el corazón de sus familias.

En los panteones, el recuerdo adquiere otra dimensión. Las familias acuden a limpiar y adornar las tumbas, colocar flores, compartir rezos y, en ocasiones, acompañar la visita con música. Son momentos en los que la ausencia se hace presente, pero también se reafirma el vínculo afectivo con quienes ya no están físicamente.

El Día de Muertos es, además, una expresión cultural extraordinaria en la que convergen las antiguas concepciones mesoamericanas sobre la muerte y las tradiciones católicas incorporadas durante la Colonia. Una herencia cultural mexicana reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

En Zacatecas, la tradición de pedir el muertito demuestra que la memoria no solamente se conserva en los altares o entre las lápidas de los cementerios: también camina por las calles, canta en las voces de la infancia y se transmite en cada puerta que se abre.

Porque mientras haya niñas, niños y familias dispuestos a salir a cantar, mientras el cempasúchil siga iluminando los altares y los nombres de los ausentes permanezcan en el recuerdo, la tradición seguirá viva.

En Zacatecas, la muerte se recuerda, los ausentes se honran y la identidad de un pueblo se defiende también cantando.

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