Se movió iglesia para no desaparecer: Kiruna traslada su patrimonio frente al avance minero
ECODIARIO
KIRUNA, SUECIA.- Durante más de un siglo, la iglesia de Kiruna ha marcado el ritmo de la ciudad más septentrional de Suecia. En agosto de 2025, sin embargo, el templo de madera de 113 años emprendió un viaje inusual: fue trasladado tres kilómetros para evitar el hundimiento del terreno provocado por la expansión de la mina de hierro subterránea más grande del mundo.
Con un peso de 672 toneladas, la estructura fue desplazada mediante plataformas móviles y sistemas hidráulicos de alta precisión. El movimiento no fue simbólico ni sencillo; respondió a una amenaza concreta. La extracción de hierro, motor económico de la región desde hace décadas, ha ido debilitando el subsuelo hasta volver inviable mantener edificaciones históricas en su ubicación original.
El traslado de la iglesia forma parte del proyecto de reubicación integral de Kiruna, impulsado por la empresa minera LKAB. La iniciativa contempla el desplazamiento gradual de zonas completas de la ciudad y afecta directamente a alrededor de seis mil habitantes, quienes han tenido que dejar atrás calles, casas y espacios públicos para asentarse en un nuevo núcleo urbano.
En el caso del templo, la decisión fue clara: moverlo o perderlo. La iglesia no solo representa un valor arquitectónico, sino un punto de identidad colectiva para generaciones de habitantes. Su preservación se convirtió en una prioridad dentro del proceso de transformación urbana.
La operación requirió monitoreo en tiempo real para evitar deformaciones estructurales y garantizar la seguridad del edificio durante el trayecto. Ingenieros y especialistas siguieron cada desplazamiento centímetro a centímetro, conscientes de que cualquier error podía dañar de forma irreversible una pieza clave del patrimonio local.
El caso de Kiruna se ha convertido en un referente internacional sobre cómo enfrentar el choque entre industria extractiva y conservación histórica. No es un dilema nuevo: en el año 2000, una iglesia colonial en Bolivia fue trasladada por razones similares. Sin embargo, la escala del proyecto sueco y el uso de tecnologías avanzadas lo colocan como uno de los ejemplos más complejos de reubicación patrimonial en el mundo.
Mientras la mina continúa creciendo bajo tierra, la iglesia ya descansa en su nueva ubicación. El edificio sigue en pie, pero su traslado deja una imagen difícil de ignorar: cuando el suelo cambia, incluso las ciudades deben aprender a moverse para no desaparecer.