Sellan la Unión Europea y el Mercosur un acuerdo histórico tras 25 años de negociaciones
ECODIARIO
BRUSELAS, BÉLGICA.- Después de más de dos décadas de avances lentos, pausas y desencuentros políticos, este viernes se destrabó uno de los acuerdos comerciales más ambiciosos del mundo. Los países de la Unión Europeaaprobaron el acuerdo con el Mercosur, un paso que abre el camino para la creación de la mayor zona de libre comercio a nivel global.
El entendimiento conecta a dos regiones que, juntas, concentran a más de 700 millones de personas y representan una porción significativa del comercio internacional. El acuerdo busca reducir aranceles, facilitar el intercambio de bienes y servicios y establecer reglas comunes en áreas como inversiones, compras públicas y desarrollo sostenible.
La negociación comenzó hace más de 25 años, marcada por resistencias internas, cambios de gobierno y preocupaciones ambientales y productivas. En Europa, sectores agrícolas expresaron durante años su temor ante la competencia de productos sudamericanos, mientras que en América del Sur persistía el reclamo por un acceso más equitativo a los mercados europeos.
La aprobación no significa una aplicación inmediata. El acuerdo deberá pasar ahora por procesos de ratificación en los parlamentos nacionales y en instancias europeas, un trayecto que podría enfrentar nuevos debates políticos y sociales. Sin embargo, el aval dado este viernes es considerado el avance más decisivo desde que iniciaron las conversaciones.
Para el Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, el acuerdo representa una oportunidad de ampliar exportaciones y diversificar mercados. Para la Unión Europea, implica consolidar su presencia económica en América del Sur en un contexto global marcado por tensiones comerciales y reacomodos geopolíticos.
Más allá de los números, el acuerdo simboliza el cierre de una negociación que parecía interminable. Tras 25 años, dos bloques separados por un océano dieron un paso que redefine su relación y plantea un nuevo mapa del comercio internacional, aunque su impacto real dependerá de cómo se traduzca en beneficios concretos para productores, empresas y consumidores de ambos lados del Atlántico.