Toman seis mujeres ancestras lugar en Reforma como gesto contra la exclusión histórica

Rocío Pedroza

ECODIARIO


CIUDAD DE MÉXICO.- En uno de los corredores más simbólicos del país, seis figuras femeninas emergieron para contar una historia que durante siglos quedó al margen. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, encabezó la develación de seis esculturas de mujeres ancestras en el Paseo de las Heroínas, sobre Paseo de la Reforma, en un acto que busca resignificar la memoria pública y confrontar de frente el racismo, el clasismo y el machismo.

Las esculturas representan a Tz'ak-b'u Aha, conocida como la Reina Roja; Tecuichpo-Ixcaxochitzin, hija de Moctezuma; la Señora 6 Mono, gobernante mixteca de Huachino; Xiuhtzatzin, figura tolteca; Malintzin, intérprete y mediadora en la Conquista; y Eréndira, defensora purépecha. Sus nombres, poco habituales en los monumentos urbanos, ahora ocupan un espacio históricamente reservado a héroes masculinos.

Durante su mensaje, Sheinbaum subrayó que no se trata solo de nuevas esculturas, sino de un acto de justicia histórica. Explicó que estas mujeres sostuvieron, desde sus comunidades, la vida cultural, social y espiritual del país, aun en contextos de exclusión y violencia. Colocarlas en el corazón de la capital, dijo, es reconocer que esa herencia no pertenece al pasado, sino que sigue viva.

Uno de los momentos centrales fue la referencia a Malintzin, una figura históricamente marcada por la narrativa de la traición. La mandataria sostuvo que incluirla no implica reabrir heridas, sino saldar una deuda histórica, al reconocer su papel como mujer indígena que usó su conocimiento lingüístico para sobrevivir en un contexto extremo de violencia.

El acto reunió a representantes culturales, académicos y comunitarios que coincidieron en que la presencia de estas esculturas puede transformar la manera en que se enseña y se recuerda la historia nacional. Desde voces indígenas hasta promotoras culturales, se destacó que ver a mujeres ancestras en el espacio público envía un mensaje directo a las nuevas generaciones: la historia también les pertenece.

Con estas seis figuras, el Paseo de la Reforma suma una narrativa distinta a su paisaje monumental. No es una ruptura con el pasado, sino una ampliación del relato: uno que incorpora a quienes fueron invisibilizadas y que ahora, desde el bronce y la piedra, observan el presente con nombre, historia y legado propio.

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