A LÁPIZ… DIGITAL | CUANDO NO SE SABE DE QUÉ ESCRIBIR 

Cuando no se sabe de qué escribir ✍️📖 ✍️ Gerardo Romo Entre la página en blanco, recuerdos de maestros, guerras y referentes como Merlí y Kapuscinski, el autor reflexiona sobre el oficio de escribir y el mundo convulso 🌍. A veces, no saber qué decir es el inicio para decirlo todo ✨.

Gerardo Romo
A LÁPIZ… DIGITAL | CUANDO NO SE SABE DE QUÉ ESCRIBIR 

¿Han escuchado hablar de el mal de la página en blanco? justo gracias a eso redacto estas líneas. Y digo redacto porque…¡para escribir, García Márquez!, me dijo un tanto enfurecido quien fuera mi primer maestro en el periodismo de a pie, Francisco Barradas.

Pensaba si escribir sobre la reforma electoral que plantea Morena, el partido dominante en México, ¡pero no partido de Estado!, ¡eso nunca!, quizá mejor sería preguntarnos sobre el estado del partido o de los partidos políticos en conjunto, y la respuesta parece obvia, desinterés social, lejanía del pueblo, proselitismo en redes, influencerismo gana likes.

Mientras indagaba de qué escribir, me eché un clavado al Facebook y el dichoso algoritmo me entregó una escena de Merlí, el veterano catalán que con su desfachatez, aguda irreverencia y maestro de la otredad no sólo acercó a un grupo de jóvenes preparatorianos a hacerse preguntas, cuestionarlo todo, desafiarlo todo… sino que gracias a él millones de televidentes en el mundo se acercaron al maravilloso desafío de pensar, simple y sencillamente.

A propósito de Merlí, recuerdo a mi maestro de cuarto año de primaria, Miguel Aguirre Soto, quien en la Escuela González Ortega me regaló el gusto por las matemáticas, (aunque ya no lo tengo) pues si me preguntan por cálculo diferencial y demás maravillas numéricas sólo diré con algo de pena o mucho de ella, ¡no me acuerdo!

Pero de lo que si tengo en mente es cómo al maestro Miguelito como le decían de cariño, le brillaban los ojos cada vez que nos enseñaba algo que previamente nos explicaba de frente y con apuntes no siempre sencillos, en el pizarrón de esos de fondo verde, amplios y que se devoraban los gises blancos.

Gracias al profe Miguelito, di sin saberlo, mis primero pasos en el periodismo, pues a mis escasos 10 años a diario nos quedábamos después de clases y le platicaba lo que leía y veía en la televisión de la entonces Guerra del Golfo Pérsico que Estados Unidos emprendió contra Irak, aún recuerdo cómo las cámaras antigases de los soldados que se difundían, me impactaron sobre manera y  yo sólo pensaba ¿Por qué no tenemos una?, entonces creía que en cualquier momento una bomba entonces si caía cerca de nuestro país nos aniquilaría en segundos.

Y hoy después de más de tres décadas, el mundo sigue en guerra, y el miedo latente, que si la tercera guerra mundial, que si Trump nos tiene de cabeza, que si China, Corea del Norte y Rusia forman un bloque bélico contra el gringo loco. En tanto, la humanidad es un polvorón en las manos de King Kong. Y cómo no, luego de la embestida de Israel y Estados Unidos contra Irán que ha dejado más de 200 personas asesinadas, entre ellos niños y niñas, incluido ni más ni menos que el Ayatola Alí Jamenei, líder supremo de Irán. La taquicardia universal de la guerra nos puede conducir al abismo.

Hablando de guerras, por qué no referirme a Ryszard Kapuscinski, el reportero que tras su primer viaje que le permitió cruzar la frontera de Polonia, su país natal, como reportero, después recorrió el mundo y sus periferias para contarnos en la profundidad de lo cotidiano, cómo se mueve el mundo y las entrañas del poder, hasta convertirse en “el reportero de la otredad” que es capaz de negarse a sí mismo, para hacer que el protagonista de la calle, de la África ardiente, del Imperio de la Unión Soviética, de quien recupera la memoria colectiva y también la propia para mostrarnos una parte de muchos mundos que se construyen en el nuestro.

Y de los trotamundos como Kapu, viene a mi memoria John, un soldado británico, octagenario, jubilado que conocí en mis primeros años de universitario, en la cafetería de mi padre, ahí nos hicimos amigos y con el paso de los días me confío que él había estado también en África, en Asia, e infinidad de países… usted conoce todo el mundo, le dije de bote pronto.

-Te equivocas, no conozco todo el mundo, sólo la mitad, me dijo serio, con una leve sonrisa y sin darle demasiada importancia a su afirmación, luego con más confianza me invitó a su hogar en nuestro país, un céntrico hotel donde rentaba una habitación y me mostró un gran legajo de unas 600 páginas, que concentraban sus memorias.

A John lo invité a casa a pasar una navidad, rompimos piñata, sonreímos mucho, nunca más nos volvimos a ver. No sé si él sepa que su vida me impactó y su amistad me marcó, sólo espero que sus memorias hayan sido publicadas y ojalá un día ese libro me encuentre.

…Y de esto se redacta, cuando no se sabe de qué escribir. ¿alguna vez te ha pasado?


Comparte esta nota: