BAD BUNNY HISTÓRICO

Benito Antonio Martínez Ocasio, Bad Bunny 🎤, hizo historia al presentar el primer espectáculo completamente en español 🇵🇷 en el medio tiempo del Super Bowl 60 🏈. Con 13 minutos de ritmo, perreo 🔥 y mensaje latino 🌎, reivindicó identidad cultural, autonomía femenina 💃 y memoria de Puerto Rico, mostrando al mundo que la cultura latina no es periférica, sino poderosa y global. Su actuación combinó fiesta 🎶, crítica social ✊ y orgullo latino, convirtiéndose en un acto de resistencia simbólica frente a la hegemonía estadounidense.

Gerardo Romo
 BAD BUNNY HISTÓRICO

Gerardo Romo*

Benito Antonio Martínez Ocasio, Bad Bunny, el cantante latino más escuchado del mundo cimbró la estructura más profunda de la ultraderecha estadounidense con la presentación que hizo en el medio tiempo del Súper Bowl 60 con su acto de resistencia cultural latina frente a la criminalización de las y los inmigrantes a manos de Donald Trump

¡Que rico es ser latino!, fue la expresión con la que Bad Bunny arrancó su show de 13 minutos, para terminar nombrando todos los países del continente americano, desde Cuba, hasta México, Puerto Rico y Colombia y azotar el ovoide con un contundente ¡aquí estamos!, todo esto, suficiente  suficientes para que el mismísimo presidente fascista de Estados Unidos  respingara con toda su furia vía redes sociales descalificando el espectáculo.

El show fue también un derroche de sensualidad y potencia femenina, con el perreo en libertad y sin miedo mostrado al mundo entero.

El espectáculo del Súper Bowl, refiere la académica Marcela Anzola, se ha convertido cada vez más  en una plataforma cultural estratégica.

 A partir de 1993, cuando Michael Jackson ofreció una actuación llena de espectacularidad, con coreografías precisas y efectos visuales innovadores, se convirtió en un evento cultural de primer nivel en el que los artistas pueden transmitir mensajes y ejercer influencia simbólica, más allá del entretenimiento. Allí han pasado artistas que no solo venden discos: representan imaginarios, desde Bono y U2 hasta Janet Jacson, Shakira y Jenifer López.

Y Bad Bunny hizo historia, pues presentó por primera vez un espectáculo completamente en español en el acto más norteamericano de la cultura estadounidense, el fútbol americano, que justo en 2026 buscará expandir su influencia por todo el mundo haciendo que los 32 equipos jueguen en distintos países desde México, Francia, Brasil o Alemania.

Así Estados Unidos busca una recolonización mundial a través del deporte, pero antes, Benito Antonio Martínez Ocasio se encargó de llevar el poder latino al corazón de la hegemonía estadounidense, mostrando que ése país es más diverso y latinoamericano de lo que los mismos gringos alcanzan a aceptar y comprender.

El Super Bowl no es ideológicamente neutro. Es un espejo en el que se proyectan las tensiones culturales del país, y así ocurrió nuevamente este año.

En la edición de 2022, Eminem se arrodilló durante el espectáculo de medio tiempo, evocando la famosa protesta de Colin Kaepernick y demostrando cómo este escenario puede transformarse en un espacio de memoria y de reivindicación política.

Bad Bunny, reconocido como uno de los músicos más destacados y premiados de la actualidad, con varios Grammys en su haber, realizó una actuación que trascendió el espectáculo: fue una declaración vibrante de la identidad latina y caribeña, posicionándola en el corazón de la cultura popular estadounidense.

La selección de canciones no fue casual. Su repertorio combinó fiesta, memoria y crítica social.

“Tití Me Preguntó” y “Safaera” representaron la dimensión festiva del reguetón, desafiando la idea de que la cultura latina es periférica.

“Yo Perreo Sola” introdujo un discurso de autonomía femenina en un género históricamente masculinizado.

“El Apagón” funcionó como una crítica implícita a la precariedad energética y a la situación estructural de Puerto Rico.

“Debí Tirar Más Fotos” añadió una capa nostálgica: memoria, diáspora, identidad.

Bad Bunny no pronunció un discurso político, no lo necesitó, su sola presencia —cantando en español, reivindicando Puerto Rico, mezclando la crítica social con la fiesta— fue política en el sentido más amplio.

Comparte esta nota: