BUSCAR ES UN DERECHO, NO UNA SENTENCIA DE MUERTE

Buscar es un derecho, no una sentencia de muerte 🕯️💔 En México, madres buscadoras recorren montañas, fosas y hospitales bajo extremo riesgo 🏞️🛠️, enfrentando crimen organizado y omisión del Estado, porque buscar a sus hijos desaparecidos no es opción, sino un derecho humano y un acto de amor radical ❤️🕊️.

Claudia Soto
BUSCAR ES UN DERECHO, NO UNA SENTENCIA DE MUERTE

"Buscar es un derecho, buscar es amor; pero en un país de fosas, buscar se ha convertido también en un riesgo mortal”

En México, el verbo "buscar" ha dejado de ser una acción cotidiana para transformarse en un derecho humano fundamental, una postura política y, sobre todo, el acto de amor más radical de nuestro tiempo. Para las madres buscadoras, buscar no es una elección; es una sentencia de vida dictada por la ausencia. Es la respuesta visceral de quien ha decidido que el olvido no será el destino final de sus hijos.

La labor de estas mujeres es un ejercicio de supervivencia física y emocional. Bajo climas extenuantes, con temperaturas que superan los 40°C o fríos que calan los huesos, las buscadoras recorren cerros y cañadas cargando varillas, picos y palas durante jornadas de más de 10 horas. No tienen uniformes especiales ni suministros garantizados; su equipo se financia con rifas, ventas de comida y el abandono de su propio sustento económico.

Apenas el pasado 27 de febrero, el país se estremeció con el asesinato de la buscadora Rubí Patricia Gómez-Tagle Robles en Concordia, Sinaloa. Rubí, quien buscaba incansablemente a su hijo desaparecido en 2025, fue ejecutada a plena luz del día. Su muerte además de ser un feminicidio, es un mensaje para los colectivos y una bofetada a las autoridades que hablaban de una entidad bajo control. No es solo el riesgo frente a los grupos delictivos; es el desgaste de abandonar el resto de la familia, de descuidar a los hijos que sí están presentes y de agotar los ahorros de una vida para comprar gasolina o herramientas de excavación.

La tragedia se duplica ante la falta de coordinación de las fiscalías. Existe una crisis forense sin precedentes: cuerpos que reposan en SEMEFOS o fosas comunes durante años sin que se notifique a las familias, a pesar de que estas han entregado muestras de ADN una y otra vez. Esta desaparición administrativa es una forma de tortura institucional. A esto se suma que la desaparición ya no es solo autoría del crimen organizado; la desaparición forzada por omisión o colusión de agentes del Estado sigue siendo una herida abierta que la narrativa oficial intenta cerrar prematuramente.

Pero la búsqueda no siempre termina en una fosa. Existen redes admirables de "búsqueda en vida". Estas madres recorren penitenciarías, hospitales psiquiátricos y centros de rehabilitación en todo el país. Buscan un rostro entre la multitud de los olvidados por el sistema, rastreando a sus familiares en los márgenes de la sociedad. Esta labor ha revelado que muchas personas desaparecidas terminan en redes de trata o en situación de calle, invisibilizadas por un Estado que prefiere no contar lo que no puede resolver.

Hoy, México supera la escalofriante cifra de 115,000 personas desaparecidas. Detrás de cada número hay una madre que ha tenido que aprender de geología, derecho forense y criminalística por pura necesidad. El Estado debe entender que buscar es un derecho constitucional, pero para ellas, es el motor de una esperanza que ninguna amenaza ha podido apagar.

Hagamos de la empatía nuestra ciencia y del cuidado mutuo nuestra mayor locura.

¡Rebeldía, Ciencia, Locura y Felicidad!


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