Opinión de
EcoDiario
Comunicar y conectar | Cuando un mensaje mueve masas… para ganar o para hundirse
Comunicar y conectar | Cuando un mensaje mueve masas… para ganar o para hundirse
“La historia de los Monreal nos deja claro que las masas siempre se mueven, pero depende del mensaje si lo hacen para aplaudirte o para derribarte”.
Erika Macedo
En política y en comunicación, el mensaje es un arma de doble filo: puede levantar a un líder o clavarse en su propia espalda. Zacatecas es el mejor ejemplo de ello. Dos hermanos, dos momentos históricos y dos formas de mover a las masas: una con esperanza y otra con hartazgo.
En 1998, Ricardo Monreal entendió la fuerza de la palabra. No solo dio discursos, construyó un relato, le habló a la gente con la certeza de quien sabe lo que dice y lo respalda con hechos. Prometió cambio y la gente le creyó, porque su voz tenía contenido y convicción. Movió masas para ganar la gubernatura.
Hoy, en 2025, su hermano David Monreal también movió masas, pero no con inspiración, sino con indignación. No fue su liderazgo lo que sacó a la gente a las calles, sino su ausencia. No fue su voz, sino su silencio. Zacatecas se hunde en la inseguridad, en la falta de oportunidades, en un gobierno ausente que ni escucha ni responde. El mensaje de su gobierno no lo ha construido él, lo ha construido su indiferencia.
La diferencia es abismal y nos deja una lección clave: el mensaje no solo es lo que se dice, sino lo que se hace (o no se hace).
Podemos decir que cuando un líder no toma el micrófono, el pueblo lo hace por él. Y lo hace con gritos, con protestas, con exigencias. Porque cuando el mensaje oficial es el desinterés, la sociedad responde con furia.
Ricardo Monreal supo domar la tempestad con palabras precisas, con discursos que fueron ancla para los desesperanzados. David, en cambio, ha dejado que la tormenta lo arrastre. Y ahora que el pueblo ruge, él apenas murmura.
Este contraste demuestra que la comunicación no es solo cuestión de palabras bonitas, sino de acciones, coherencia y sensibilidad. Si un líder no escucha, si no responde, si su mensaje no conecta con la realidad de la gente, tarde o temprano pagará las consecuencias.
Las masas se mueven por emoción, ya sea esperanza o enojo. La diferencia está en quién controla el mensaje. Ricardo lo dirigió y ganó. David lo ha ignorado y lo está perdiendo.
La comunicación no es un accesorio, es el alma del liderazgo. No basta con tener el poder, hay que saber sostenerlo con hechos y con narrativa. Un líder que no comunica es un barco sin timón: naufraga sin remedio.
La historia de los Monreal nos deja claro que las masas siempre se mueven, pero depende del mensaje si lo hacen para aplaudirte o para derribarte. Ricardo supo encender la llama de la esperanza. David ha encendido la mecha del enojo.
¿La lección? Quien no sabe comunicar con hechos y palabras, termina siendo comunicado… por la indignación popular.
Y cuando el fuego de la indignación prende, no hay silencio que lo apague.
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