Claudia Soto Opinión de Claudia Soto

CIENCIA PARA LLEVAR | EL DERECHO DE LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES A UNAS VACACIONES SEGURAS. PROPUESTA DE LEY PARA UN PADRÓN CERTIFICACIÓN OBLIGATORIA DE CURSOS

✨ Es momento de plantear una iniciativa estructural: 🏛️ un Registro Estatal de Proveedores de Cursos y Campamentos de Verano ☀️📚, gestionado por las autoridades educativas 🏫 y supervisado por Protección Civil 🚨 y especialistas en seguridad infantil, que se muestre a los padres de familia 👨‍👩‍👧 al momento de realizar la inscripción 📝.

No hay dolor más devastador que el de despedir a un hijo que salió de casa con una mochila al hombro, una sonrisa y la promesa de un día lleno de aprendizaje. La muerte de Dafne, una joven de apenas 13 años que perdió la vida en un campamento militarizado de verano en Hidalgo, nos fractura el corazón a todas las madres y padres.

Cada año, al llegar las vacaciones, miles de madres y padres nos vemos en la encrucijada de conciliar los tiempos laborales con el tiempo libre de los más jóvenes. Buscamos opciones educativas, deportivas o de esparcimiento que mantengan sus mentes activas. Sin embargo, en esa búsqueda acelerada, corremos el riesgo de normalizar la falta de regulación y poner la vida de nuestras familias en un vacío institucional y de supervisión.

A menudo, la oferta de cursos de verano se satura de folletos atractivos, promesas de disciplina, deportes extremos o aprendizaje acelerado. Sin embargo, tras la fachada publicitaria, pocos establecimientos cuentan con la infraestructura ni el personal adecuadamente capacitado para enfrentar contingencias de vida o muerte.

La magnitud del problema no es menor. Según datos del INEGI, en México existen más de 25 millones de niñas, niños y adolescentes en educación básica que entran en periodo vacacional cada verano. Se estima que cientos de miles de ellos son inscritos en cursos, talleres y campamentos impartidos por entes privados, clubes, asociaciones e incluso dependencias públicas.

Sin embargo, la realidad normativa es alarmante, pues más del 70% de la oferta de cursos de verano opera en la informalidad o bajo giros comerciales genéricos (como "talleres culturales" o "gimnasios"), lo que los exime de inspecciones específicas de Protección Civil enfocadas en la atención a menores.

En México, no existe una certificación federal obligatoria que exija al personal de campamentos vacacionales contar con cursos vigentes de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) ni manejo de primeros auxilios pediátricos.

Se suma a una trágica lista de precedentes en el país: niños ahogados en albercas de cursos de verano por falta de salvavidas capacitados, menores accidentados en actividades de "deporte extremo" sin equipo de protección adecuado, o casos severos de golpe de calor e insolación por someter a los pequeños a rutinas bajo el sol sin la hidratación ni el resguardo básico.

La seguridad de la infancia y la adolescencia, no puede depender de la buena fe ni de la mercadotecnia. Requiere de protocolos rigurosos y verificables. Debemos analizar por ejemplo:

  • Relación adulto/niño: ¿Cuántos niños están bajo la responsabilidad de cada instructor? Una proporción inadecuada garantiza la falta de supervisión individualizada frente a una crisis.

  • Capacitación del personal: ¿Cuentan con certificación oficial en primeros auxilios, salvamento o manejo de crisis psicológicas y físicas? No basta con la "experiencia" empírica.

  • Infraestructura y Protección Civil: ¿El inmueble cuenta con salidas de emergencia señalizadas y despejadas, extintores vigentes, botiquines equipados y zonas de riesgo identificadas?

  • Condiciones de las actividades: Horarios bajo exposición solar extrema, actividades físicas de alto impacto sin evaluación médica previa o castigos físicos disfrazados de "disciplina" son señales claras de alerta.

Como familias, la protección de nuestros hijos empieza por recuperar una postura activa de investigación antes de firmar y pagar cualquier solicitud de ingreso.

Les comentaré un poco de lo que hago cuando mis hijos estarán en algún curso. Primero  realizar una indagación de trayectoria y reputación consultando las recomendaciones, leyendo comentarios y reseñas en plataformas y redes sociales, pero sobre todo, conversando con familias que hayan inscrito a sus hijos en ediciones anteriores. Asimismo, resulta indispensable hacer una inspección presencial visitando las instalaciones sin previo aviso o solicitando un recorrido completo para observar las condiciones del lugar, la actitud del personal y las medidas de seguridad e higiene visibles, incluso las zonas de riesgo… aunque te sientas la mamá exagerada, eso es lo de menos. Finalmente, se debe preguntar sobre los  protocolos claros de emergencia preguntando directamente e indagando sobre el personal.

Una propuesta de ley urgente: Padrón y certificación obligatoria de cursos de verano

Deseo aprovechar esta columna para realizar una propuesta de Ley, y que el  caso de Dafne impulse hacia la transformación legislativa e institucional. Es momento de plantear una iniciativa estructural: un Registro Estatal de Proveedores de Cursos y Campamentos de Verano, gestionado por las autoridades educativas e inspeccionado por Protección Civil y especialistas en seguridad infantil y que se muestre a los padres de familia al momento de su inscripción.

Ejes de la propuesta:

  1. Licencia previa de operación: Ningún curso, campamento o taller vacacional (público o privado) debería ofertarse sin haber obtenido una certificación de verificación emitida por Protección Civil tras un recorrido de inspección.

  2. Padrón Público Consultable: Creación de una plataforma digital de acceso libre donde los padres puedan verificar qué cursos cuentan con dictamen favorable, personal certificado y seguro de accidentes vigente.

  3. Sanciones y clausuras inmediatas: Tipificar como falta grave o delito la operación de cursos que no cumplan con la norma mínima de seguridad o que utilicen métodos coercitivos o de riesgo físico no controlado.

Las vacaciones no deben ser una ruleta rusa donde las familias depositen a sus hijos con la fe de que regresarán intactos a casa. Garantizar entornos seguros es una tarea compartida: nos exige a las familias investigar sin concesiones y exige al Estado legislar y supervisar con firmeza.

Nuestros hijos merecen vacaciones para reír, descansar y explorar el mundo con curiosidad.


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