Opinión de
Alex Bravo
EL ESPECTADOR | EL SUPER NIÑO
Hace unos días se anunciaron los nuevos productos de la compañía Apple.
“Tierra-Patria”
Hace unos días se anunciaron los nuevos productos de la compañía Apple. Entre las novedades destaca su primer teléfono plegable, cuyo costo resulta desorbitado: de cuarenta y dos mil pesos en adelante. Llama la atención cómo ha mutado la función de estos dispositivos. Años atrás, un móvil se adquiría por la necesidad básica de comunicarse mediante una llamada; tiempo después, el incentivo de venta fueron los mensajes de texto y, más tarde, la resolución de las cámaras. Hoy, en cambio, la propuesta de valor gira enteramente en torno a la integración permanente de la inteligencia artificial.
Existe un debate encendido sobre lo que la IA podría ocasionar hacia el final de esta década. En el escenario más catastrófico, se especula sobre la posibilidad de que termine por exterminar a la humanidad. Sin embargo, no es la primera vez que escuchamos relatos sobre el fin de una era. Cuando era niño, por alguna razón la gente solía creer que el mundo se acabaría con la llegada del año 2000; más tarde, las interpretaciones del calendario maya revivieron la paranoia colectiva en torno al 2012. Lo cierto es que la humanidad ya atraviesa un proceso de extinción progresiva desde principios de este siglo, y no precisamente por lo que una máquina pueda calcular o ejecutar.
Edgar Morin ha abordado de manera central la crisis ecológica global, el agotamiento del modelo extractivista y los límites físicos del planeta. En obras como Tierra-Patria (1993), el pensador francés advierte que la humanidad comparte un destino común frente a una «crisis de la biosfera». Señala que la sobreexplotación de la naturaleza amenaza las condiciones de vida en la Tierra y que el crecimiento industrial descontrolado ignora por completo la finitud de los ecosistemas.
El fenómeno del Súper Niño —un evento de El Niño de intensidad extrema— actúa precisamente como un acelerador del estrés sobre los recursos naturales. Aunque no se trate de un agotamiento geológico instantáneo, este evento climático genera un colapso temporal pero severo en la disponibilidad de bienes esenciales como agua, alimentos y energía, haciendo evidente lo que teóricos como Morin o los informes del Club de Roma venían anticipando sobre las fronteras del planeta.
Se estima que hacia 2027 el mundo podría atravesar un periodo de agudización en esta crisis de recursos. Por un lado, el agotamiento del agua dulce debido a sequías prolongadas vacía embalses y acuíferos en regiones vulnerables, dejando al descubierto el límite de la capacidad hídrica frente a la demanda humana y agrícola. Por otro lado, la alteración de las corrientes marinas interrumpe el afloramiento de nutrientes, provocando la migración o muerte masiva de especies pesqueras y reduciendo drásticamente la biomasa disponible.
El sector que sufrirá el impacto más directo será el campo, sometido a un estrés alimentario donde las olas de calor y la alteración de las lluvias destruyen cosechas a gran escala, exponiendo la fragilidad de los sistemas agroindustriales. Esto desencadena a su vez crisis energéticas en naciones dependientes de la generación hidroeléctrica, obligando a racionamientos o al uso de emergencia de combustibles fósiles.
Desde la perspectiva del pensamiento complejo, un evento como el Súper Niño no es un fenómeno meteorológico aislado, sino un catalizador de la «policrisis» global: el calentamiento antrópico potencia la intensidad del clima, el cual tensiona la economía, la producción de alimentos y la estabilidad social, mostrando la vulnerabilidad de vivir al límite de los recursos planetarios. Cabe preguntarse si no es por esta razón que las potencias globales han comenzado a rearmarse con prisa: tal vez somos testigos de cómo las élites políticas y militares se preparan para disputar los últimos reductos de riqueza natural.
Mientras tanto, además del nuevo teléfono de Apple, la compañía Xiaomi promociona una cámara asistida por inteligencia artificial que actúa como un fotógrafo personal: al intentar capturar una imagen, el algoritmo corrige la postura e indica exactamente cómo posar.
Resulta una ironía inquietante: mientras el mundo entra en una fase de transformaciones ecológicas irreversibles, mientras las naciones se rearman para la contienda y el clima se altera, nosotros continuamos fascinados, distrayéndose con los espejismos que la tecnología nos ofrece para no mirar el suelo que se deforma bajo nuestros pies.
*Análisis Existencial
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