Opinión de
Issac Félix
PALABRA VIVA | LA REGENERACIÓN Y LA NECESIDAD DE NACER DE NUEVO
Todos, en algún momento, hemos sentido la necesidad de cambiar algo en nuestra vida.
“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Juan 3:6
Todos, en algún momento, hemos sentido la necesidad de cambiar algo en nuestra vida. Dejar atrás una etapa, corregir un error, vencer un hábito o simplemente comenzar de nuevo. Podemos cambiar muchas cosas con esfuerzo y decisión, pero existe una transformación que va mucho más allá de nuestra voluntad. La Biblia la llama nuevo nacimiento o regeneración.
Jesús habló de esta realidad con Nicodemo, un hombre religioso y conocedor de las Escrituras. Sin embargo, Jesús le dijo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Nicodemo pensó que Jesús hablaba de volver a nacer físicamente, pero Cristo se refería a una realidad espiritual: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6).
Nacer de nuevo no significa simplemente cambiar de religión, comenzar a asistir a una iglesia o intentar ser una mejor persona. Significa que Dios comienza una obra en nuestro interior por medio de su Espíritu. Es recibir una nueva vida de parte de Él. Por eso Pablo afirma: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
¿Y por qué necesitamos nacer de nuevo? Porque nuestro problema no está solamente en algunas de las cosas que hacemos, sino en nuestra condición delante de Dios. La Escritura dice: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). El pecado nos separa de nuestro Creador y nos lleva a vivir conforme a nuestra propia voluntad. Pero hay algo que necesitamos reconocer: por nosotros mismos no podemos alcanzar la justicia que Dios demanda.
Por eso Jesús llamó al arrepentimiento y a la fe: “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Arrepentirse significa reconocer nuestro pecado y volvernos hacia Dios; creer en Cristo significa confiar en Él como Señor y Salvador. No se trata solamente de aceptar que Jesús existió, sino de reconocer quién es Él y depositar nuestra vida en sus manos.
Cuando Dios transforma el corazón, esa obra comienza a reflejarse en nuestra manera de vivir. No significa que dejemos de tener luchas o que nunca volvamos a fallar. Significa que el pecado ya no debe ser nuestro dueño y que comienza a existir un deseo sincero de agradar a Dios. La Escritura nos llama a dejar atrás al “viejo hombre” y vestirnos del “nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22-24).
Por eso, la fe no puede quedarse únicamente en palabras. Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). Una vida que está siendo transformada comienza a mostrar amor, arrepentimiento, obediencia y un deseo de caminar con Dios. Y esa transformación no depende solamente de nuestro esfuerzo. Jesús dijo: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Necesitamos permanecer en Él y caminar bajo la dirección del Espíritu Santo.
Tal vez hoy la pregunta no sea simplemente si crees o no crees en Dios. Quizá sea necesario preguntarnos algo más profundo: ¿he permitido que Dios transforme mi vida? ¿Existe arrepentimiento cuando hago lo malo? ¿Hay deseo de conocer a Cristo? ¿Quiero caminar con Él?
Jesús no le dijo a Nicodemo que necesitaba esforzarse más para convertirse en una mejor persona. Le dijo que necesitaba nacer de nuevo. Y esa misma invitación sigue vigente. Dios no solamente quiere mejorar algunos aspectos de nuestra vida; quiere reconciliarnos consigo mismo y darnos una vida nueva por medio de Jesucristo.
Por eso, antes de rechazar a Cristo, vale la pena conocerlo. Quizá has vivido lejos de Dios, tienes dudas o nunca has tenido una relación con Él. Pero el evangelio no comienza diciéndote que tienes que ser perfecto para acercarte a Dios. Comienza con una noticia llena de esperanza: Dios te ama y ha dado a su Hijo para que puedas tener vida eterna.
Jesús lo expresó de la manera más clara: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16).
La regeneración es mucho más que comenzar de nuevo…Es permitir que Dios haga nuevas todas las cosas.
Dios bendiga tu vida…nos leemos en 15 días.
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