Opinión de
Adrián Nevares
ENTRE CIFRAS Y REALIDADES | DEL SILENCIO A LA VISIBILIDAD: EL PAPEL DE LA UAZ EN LA INCLUSIÓN Y EL RESPETO A LA DIVERSIDAD LGBTTTIQ+
Este tipo de actividades no solo visibilizan trayectorias históricas de exclusión, sino que abren posibilidades pedagógicas para la transformación cultural de las instituciones educativas.
La realización del taller “Desde Gayola hasta Heartstopper” en un espacio universitario como la Universidad Autónoma de Zacatecas adquiere una relevancia académica y social significativa, particularmente en un contexto donde la comunidad LGBTTTIQ+ continúa luchando contra resistencias estructurales para acceder a condiciones plenas de inclusión, respeto y seguridad.
Este tipo de actividades no solo visibilizan trayectorias históricas de exclusión, sino que abren posibilidades pedagógicas para la transformación cultural de las instituciones educativas.
Desde la perspectiva de la educación inclusiva, la universidad tiene la responsabilidad de garantizar entornos libres de violencia simbólica y material. Como señala UNESCO, “la inclusión no es un añadido al sistema educativo, sino un principio que lo reconfigura en su totalidad” (UNESCO, 2020).
En ese sentido, el taller funcionó como un dispositivo formativo que permitió cuestionar narrativas mediáticas estigmatizantes y reconocer el papel de los medios en la construcción social de la diversidad sexogenérica.
Asimismo, la reflexión colectiva favorece procesos de reconocimiento y legitimación identitaria. Judith Butler advierte que las identidades disidentes han sido históricamente reguladas mediante marcos culturales que determinan qué vidas son “vivibles” (Butler, 2006).
Llevar esta discusión al aula universitaria implica disputar esos marcos y generar condiciones para que las y los estudiantes puedan habitar el espacio educativo sin temor a la censura o la violencia.
En universidades públicas como la UAZ, donde convergen juventudes con realidades socioculturales diversas, estas iniciativas fortalecen la formación integral al articular derechos humanos, bioética y pedagogía crítica.
Paulo Freire subraya que la educación debe ser una práctica de libertad que permita “nombrar el mundo para transformarlo” (Freire, 1970). Bajo esta premisa, el taller no solo analizó contenidos televisivos, sino que promovió la conciencia crítica frente a las desigualdades persistentes.
Estas actividades representan un avance en la construcción de una cultura universitaria más democrática e inclusiva.
Generar espacios donde la comunidad LGBTTTIQ+ pueda mostrarse “tal como es” sin riesgo, no constituye una concesión, sino una obligación ética de la educación superior comprometida con la dignidad humana.
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