Opinión de
Adrián Nevares
ENTRE CIFRAS Y REALIDADES | ¿TERMINÓ EL PRIDE O APENAS COMIENZA EL VERDADERO COMPROMISO?
Las calles ya recuperaron su ritmo cotidiano.
Las calles ya recuperaron su ritmo cotidiano. Los escenarios fueron desmontados, las banderas arcoíris dejaron de ondear en muchos espacios y las publicaciones con mensajes de inclusión comenzaron a desaparecer de las redes sociales. Pero la pregunta realmente importante es: ¿terminó el Pride en Zacatecas o apenas comienza el trabajo más difícil?
Las Marchas del Orgullo y el Festival de la Diversidad Sexual concluyeron, como estaba previsto, durante el mes de julio de 2026. Sin embargo, la defensa de los derechos humanos de las personas LGBTTTIQ+ no puede reducirse a un fin de semana de celebración o a una campaña temporal.
El verdadero desafío inicia cuando las empresas, comercios, instituciones educativas, dependencias gubernamentales y organizaciones civiles regresan a la normalidad. Es entonces cuando debe preguntarse si cuentan con políticas laborales inclusivas, procesos de contratación sin discriminación, mecanismos efectivos para prevenir el acoso y canales confiables para denunciar actos de violencia o exclusión. La inclusión no se mide por un logotipo con los colores del arcoíris, sino por las oportunidades reales que tienen las personas para desarrollarse en un ambiente de respeto.
También es momento de reflexionar sobre el papel de las instituciones. ¿Se respetan plenamente los derechos humanos de todas y todos sus colaboradores? ¿Existen condiciones de igualdad para acceder a puestos de responsabilidad? ¿Se garantiza un trato digno sin importar la orientación sexual, la identidad o expresión de género? Son preguntas que merecen respuestas respaldadas por acciones concretas y no únicamente por discursos.
El llamado "rainbow washing", es decir, utilizar la imagen del Pride con fines de mercadotecnia sin asumir compromisos permanentes con la diversidad, representa un riesgo que la sociedad debe identificar y cuestionar. La credibilidad se construye con políticas institucionales, capacitación continua, protocolos de atención y una cultura organizacional basada en el respeto.
El Pride no debería ser una moda anual ni una estrategia de promoción. Debería ser un recordatorio de que la igualdad y la dignidad humana son responsabilidades cotidianas. Cuando termina la marcha, comienza la verdadera prueba: demostrar, con hechos y no con campañas temporales, que la inclusión forma parte de la vida diaria de nuestras instituciones, empresas y sociedad.
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