Opinión de
Mariano Tello
ESCRITORIO DIGITAL | EL LUJO DE LO HUMANO
No puedo dejar de pensar en un artículo que leí hace unos 15 años.
“La presencia del original es el requisito previo del concepto de autenticidad.” Walter Benjamin
No puedo dejar de pensar en un artículo que leí hace unos 15 años. A estas alturas no recuerdo el nombre del autor, ni siquiera la revista donde lo encontré, pero sí recuerdo su visión acerca del nuevo lujo.
Lujo es aquello que pocas personas logran tener y disfrutar. Y lo que consideramos un lujo ha ido cambiando con el tiempo.
Lujo era poder tener un vehículo, hasta que todos tienen uno, o dos en sus casas. Lujo era un penthouse, hasta que se levantaron suficientes edificios para que cada vez más gente pudiera vivir en uno. Lujo era tener un yate, hasta que aparecieron empresas que permitieron rentarlos por unas horas o unos días a precios relativamente accesibles. Lujo era tener acceso a inteligencia artificial, hasta que todos tenemos ChatGPT, Gemini o Copilot en el teléfono.
Y aquí es donde me acordé de aquel artículo.
Durante mucho tiempo, el conocimiento también fue un lujo. Poder acceder a libros, publicaciones especializadas, cursos, conferencias o a las ideas de grandes expertos requería dinero, contactos, tiempo o vivir en el lugar adecuado. Internet cambió eso radicalmente. Democratizó el conocimiento de una manera que pocas revoluciones anteriores habían conseguido.
No tienes que viajar hasta el MIT para tomar un curso que puede ser online. No tienes que contratar un tutor personal para aprender un idioma si tienes una buena aplicación en el celular. No necesitas necesariamente pagar una suscripción exclusiva para leer a determinado periodista si alguien compartió el artículo en una red social.
El problema es que, después de democratizar el acceso al conocimiento, ahora estamos enfrentando otra cosa: la democratización de la producción de contenido.
Y aquí es donde me encuentro, últimamente, esquivando y esquivando una cantidad enorme de cosas que no tienen alma.
El video narrado con inteligencia artificial. El artículo generado con inteligencia artificial. La fotografía creada artificialmente. El autor que alguien confiesa haber mandado hacer a Claude o ChatGPT porque no sabía prácticamente nada del tema. El profesor que utiliza estas herramientas para calificar tareas que probablemente sus alumnos hicieron con Gemini o Copilot.
Y no se limita al contenido. Hay software desarrollado con IA que no cumple las mínimas condiciones de seguridad o escalabilidad. Ideas de negocio generadas en cinco minutos que no sobreviven a diez minutos de preguntas. Investigaciones que se desmoronan ante el primer intento de verificación. Presentaciones impecables que, detrás de sus gráficos y palabras sofisticadas, no tienen una sola idea original.
La inteligencia artificial hizo que producir algo fuera extraordinariamente fácil. Y quizá por eso producir algo “bien” se está convirtiendo, paradójicamente, en algo escaso.
Tal vez el nuevo lujo sea precisamente encontrar aquello que todavía se hace de manera artesanal. Lo que toma tiempo. Lo que exige pensamiento, experiencia, prueba y error. Lo que tiene una voz propia, un criterio, una obsesión particular. Una receta que alguien perfeccionó durante años. Un libro en el que se nota que el autor investigó. Una fotografía tomada en el momento exacto. Un software diseñado por alguien que entiende realmente el problema que intenta resolver.
No porque todo lo hecho por humanos sea bueno, ni porque todo lo hecho con inteligencia artificial sea malo. Sino porque, en medio de una abundancia infinita de contenido, empieza a ser difícil encontrar algo que tenga detrás a una persona que realmente pensó lo que está diciendo.
Quizá eso sea el nuevo lujo: no tener más cosas, sino tener acceso a aquello que todavía es escaso. Tiempo. Atención. Silencio. Experiencia. Creatividad. Y, sí, también palabras que alguien se tomó el tiempo de pensar antes de ponerlas frente a nosotros.
Ahora el nuevo lujo es volver a conectar con esas cosas que se hicieron con la cabeza y el corazón para nosotros.
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