HABLEMOS DE SEGURIDAD… Y ALGO MÁS | PSICÓPATA VERSUS PSICÓTICO: PREVENCIÓN DEL DELITO
🧠 Salud mental y prevención del delito “No toda enfermedad mental conduce al delito, pero toda prevención debe considerar la salud mental como eje fundamental”. Comprender la diferencia entre psicopatía y psicosis permite actuar a tiempo, romper estigmas y fortalecer la seguridad desde la prevención. ⚖️✨
“No toda enfermedad mental conduce al delito, pero toda política de prevención del delito debe considerar la salud mental como un eje fundamental”
El tema es por demás extenso y muy interesante; además, la actualidad está marcada por el número de casos que día con día se presentan en diferentes regiones del mundo y en nuestro propio país, y que pareciera son casos sacados de películas de terror. Vivimos en un mundo tan diluido por las percepciones derivadas de tantos distractores como las redes sociales, los juegos digitales, entre otros, que en no pocas ocasiones nos hacen caer en un mundo como el de Alicia en el país de las maravillas, trayendo consigo múltiples trastornos.
Hablar de la historia del concepto de la personalidad psicópata en criminología tiene una data larga, pero asentaré solo algunos datos a manera de breve ilustración. Nos remontamos al siglo XVII, allá por el año 1656, cuando Thomas Abercromby, médico de Jacobo II, hablaba en su tratado sobre el espíritu de las personas de la llamada “manía moral”, afirmando que se trataba de sujetos en los cuales sus sentimientos rectores estaban abolidos, mientras que la inteligencia no presentaba desórdenes.
Avanzando en el tiempo, a finales del siglo XIX, James Cowles Prichard destacó la perversión y depravación que estos sujetos poseen en sus principios éticos y afirmó que son “pasiones que brotan involuntariamente sin que ninguna enfermedad pueda justificarlas”, creando así el nombre de “locura moral”, y específicamente les llamó “mórbidas perversiones de afectos, inclinaciones, carácter, hábitos, disposición moral e impulsos naturales”.
En 1876 se publicó un libro del maestro de Turín, Cesare Lombroso, titulado Tratado antropológico experimental del hombre delincuente, lo cual dio nacimiento a la Antropología Criminal. En dicha obra se realiza un análisis del “criminal nato”, afirmando que se trata de un hombre que carece de moralidad, atávico, morboso, generalmente epiléptico y predispuesto a delinquir. Explicó al criminal nato por medio del llamado “trípode lombrosiano” (atavismo–morbo–epilepsia), donde el morbo es entendido como “locura moral”, utilizando el mismo término de Prichard.
Por su parte, el psiquiatra Julius Ludwig August Koch, fundador de la moderna teoría de la psicopatía, en 1888 habló de la “inferioridad psicopática”, que se asimilaba con la constitución psicopática. Desarrolló su teoría en una monografía titulada Psycopathischen Minderwertigkeiten.
Ya en 1918 surge el primer estudio de Kurt Schneider, quien dividió las constituciones anormales en dos categorías: la primera la denominó “anormales”, en la cual se encuentran los sujetos que por su conducta ponen en peligro fácilmente su vida y entran en conflicto con los demás; y la segunda, llamada “personalidades psicopáticas”, en la que se ubican sujetos que, a consecuencia de su anormalidad, sufren y hacen sufrir a la sociedad.
En 1925, el catedrático Maurice Parmelee, en su libro Criminology, desarrolló el tema de los “delincuentes psicopáticos” e incluyó a todos los delincuentes que manifiestan mayor o menor anormalidad mental.
Después de esta breve síntesis histórica, se dilucida que la personalidad psicopática se caracteriza por un patrón persistente de insensibilidad emocional, comportamiento antisocial, manipulación y falta de empatía. No obstante, es importante precisar que, a diferencia de la psicosis, el psicópata no pierde contacto con la realidad.
En contraste, la psicosis implica una ruptura con la realidad, pudiendo presentarse alucinaciones —como ver o escuchar personas que no están presentes— o delirios, como el de persecución. La persona puede entablar conversaciones fuera de la realidad objetiva o percibir estímulos inexistentes.
La psicosis comprende un grave deterioro de las funciones ejecutivas de la personalidad, especialmente en relación con la realidad, manifestándose mediante un desajuste en la interacción social. Para el tema de la prevención y la seguridad, es importante considerar que la comisión de conductas delictivas puede originarse en estados psicóticos acompañados de síntomas como ansiedad excesiva, pérdida del sueño o delirios de persecución.
Generalmente, las personas que tienen un episodio psicótico inicial se asustan y no lo cuentan a nadie por temor a ser estigmatizadas, pues consideran que no serán comprendidas.
Para estar en condiciones de prevenir situaciones como estas, debemos comprender que la psicosis suele presentarse durante la adolescencia y la adultez temprana. De ahí la importancia de intervenir de inmediato ante el primer episodio psicótico. Es fundamental identificar los detonantes: qué le angustia, qué le preocupa y qué le produce estrés, así como detectar aquello que le representa tranquilidad.
La educación tanto del paciente como de sus familiares, respecto a los alcances y límites del trastorno, posibilita un tratamiento oportuno que ayudará a la persona a sobreponerse y reaccionar ante episodios críticos, estando en mejores condiciones de prevenirlos. Sabiendo que la psicosis es tratable, las personas que la padecen pueden recuperarse y llevar una vida social, laboral y emocional funcional.