Opinión de
José Ortega Ramírez
Historia del futbol | Calles, llanos y canchas
Historia del futbol | Calles, llanos y canchas
“En una época de inmenso crecimiento urbano y de necesidades urgentes de infraestructura, los antiguos llanos y lotes baldíos, así como las calles donde se habían refugiado equipos entusiastas y grupos improvisados de futbolistas, se redujeron al mínimo.”
José Ortega Ramírez*
Una creciente cantidad de jugadores llaneros no profesionales, hizo pública su inconformidad allá por los años 50 debido a las precarias condiciones en que se llevaba a cabo la práctica del futbol en la mayor parte del país. Se había organizado una especie de mafia que disponía, prácticamente a su antojo de grandes sumas de dinero que los jugadores pagaban en cuotas a los clubes, éstos a las ligas, las ligas a las asociaciones y éstas al sector amateur de la propia federación. En una época de inmenso crecimiento urbano y de necesidades urgentes de infraestructura, los antiguos llanos y lotes baldíos, así como las calles donde se habían refugiado equipos entusiastas y grupos improvisados de futbolistas, se redujeron al mínimo. Algunos tendrían que habituarse a improvisar el juego mediante el endémico recurso de cerrar calles, reducir distancias en patios o pasillos de vecindades o simplemente olvidar que alguna vez jugaron futbol. Otros, más afortunados, lograron inscribirse en alguna de las ligas que colegios, empresas privadas o dependencias federales ponían a deposición de sus agremiados: torneo bancario, el campeonato de fábricas, el campeonato universitario, etc.
En dichos torneos, equipos con nombres no precisamente heroicos (Goodrich, Euskadi, Bancaria salón 20, Cámara de diputados) disputaban el balón con un ansia de triunfo que sólo parecía explicar la absoluta falta de sueldo. Las crónicas eventuales que algún diario dirigía a aquellos voluntariosos jugadores comenzaban casi siempre en este tenor.
La calidad de muchos de aquellos afanosos jugadores podía apreciarse, sin embargo, aunque poco visibles por las densas cortinas de polvo que levantaba la refriega. Las fundadas protestas de muchos jugadores llaneros no tenían por único objetivo que se les entregaran lugares donde patear el balón. Deseaban ser vistos, al menos una vez, por aquellos mismos que desde los diarios, las comidas federativas o las sesiones de entrenamiento, se quejaban amargamente de la falta de valores.
Campos irregulares, vendavales que dejaban la lengua seca y terrosa, balones remendados, y un puro y gran amor al fútbol: era eso (eso es) el futbol llanero.
*Escritor e instructor profesional en ciencias aplicadas al fútbol.
Facebook: José Ortega Ramírez
Correo: jor0231&hotmail.com
**Las opiniones plasmadas en las colaboraciones son responsabilidad de cada autor, así como su estilo de escritura. Ecodiario Zacatecas sólo es una plataforma digital para darlas a conocer a sus lectores.
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