Opinión de
Susana Sánchez
LA FAMILIA | EL SOSTEN Y LA ALEGRIA DE SER PARTE DE UNA FAMILIA
La familia es el mejor sostén que tenemos en las dificultades.
“La fuerza de una familia, como la fuerza de un ejército, reside en la lealtad de unos a otros.” Mario Puzo
La familia es el mejor sostén que tenemos en las dificultades. No solo se trata de apoyo material, sino de ese acompañamiento cercano que nos levanta cuando parece que las fuerzas se agotan. En mis largas caminatas pienso, por ejemplo, en ese abuelo que está en proceso de rehabilitación: sus hijos y nietos se turnan para acompañarlo a las terapias, ayudarle a dar pasos, animarlo a no rendirse. No es tarea fácil, requiere paciencia, tiempo y amor, pero el esfuerzo compartido transforma el cansancio en unión. Ahí se entiende lo que significa ser familia: estar presentes en la fragilidad del otro, sin dejarlo solo.
La familia también puede ser un oasis en medio de las exigencias cotidianas. No hacen falta grandes lujos para disfrutar juntos; basta un espacio sencillo, como la alameda de nuestra ciudad. Ahí he visto familias que se reúnen a convivir: los niños corren y juegan, las mamás platican, y a los más pequeños les ponen un pedazo de cartón en el suelo para que pinten con gises o gateen. Esa imagen resume lo esencial: compartir la vida en lo ordinario, celebrar la compañía y descubrir que la felicidad está en lo simple.
Ser refugio exige trabajar cada día en la empatía, en el respeto y en el tiempo compartido. Requiere escuchar de verdad, no descalificar lo que el otro siente y tener la paciencia de acompañar incluso en silencio. También requiere creatividad, generosidad y ganas de hacerle la vida amable a los demás con entusiasmo y cariño.
El reto es preguntarnos: ¿soy yo sostén para mi familia?, ¿encuentran en mí un oasis para descansar?, ¿pueden mis hijos o mis padres mostrarse vulnerables conmigo sin temor a ser heridos? La respuesta, aunque imperfecta, nos impulsa a mejorar y a crecer juntos.
Los gestos cotidianos de entrega sencilla dicen y enseñan que no estamos solos y que la familia siempre es red. Si logramos que en casa haya ese sostén en la dificultad y esa alegría en lo sencillo, regalamos a los nuestros algo invaluable: la certeza de que, pase lo que pase afuera, siempre habrá un lugar seguro donde ser aceptados, cuidados y amados incondicionalmente.
Hagamos de nuestro hogar ese refugio. No solo porque lo necesitamos nosotros, sino porque lo necesitan los nuestros y porque eso nos dará a todos una vida feliz que les haga disfrutar de ella con plenitud
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