La familia | Reconociendo flaquezas
La familia | Reconociendo flaquezas
“No existe la familia perfecta, solo existe la posibilidad de perdonar”
Susana Sánchez*
La familia, como sistema abierto que es, en constante y permanente convivencia no está exento en absoluto de tener flaquezas y generar conflictos que pueden dañar el sistema familiar, a veces en lo superficial, a veces en lo más profundo. Como es un sistema formado por personas imperfectas, podemos afirmar que tampoco hay familias perfectas y que podemos tener flaquezas que obstaculizan su sano desarrollo.
Estas flaquezas pueden afectar la cohesión, el bienestar emocional y la calidad de las relaciones entre sus miembros. Es importante identificarlas y desmenuzarlas para trabajar individual y colectivamente en ellas para poder plantearnos posibles vías para abordarlas y superarlas.
Algunas de las más frecuentes se refieren a una comunicación deficiente, esto debido al acelerado ritmo de la vida actual, al exceso de ruido, de uso de dispositivos tecnológicos y a la falta de espacios de diálogo, lo cual resulta en una deficiente o incluso nula comunicación entre los miembros de la familia que genera malentendidos, resentimientos y una desconexión emocional. Nadie puede amar lo que no conoce y sin comunicación no hay conocimiento del otro.
Aunado a lo anterior, también existe la falta de tiempo de calidad, como consecuencia de jornadas laborales extensas, de excesivas tareas, de compromisos sociales sin límite y de actividades que pueden dejar poco espacio para compartir tiempo significativo en familia. La ausencia de momentos compartidos puede debilitar el vínculo emocional y reducir la sensación de apoyo y de pertenencia.
Además, el exceso de influencia tecnológica obstaculiza la convivencia, podemos decir que hay una omnipresencia de dispositivos, redes sociales y gadgets que desvían la interacción familiar y que nos exponen a una sobreexposición que desvía nuestra atención de los nuestros, que limita la empatía, disminuye las habilidades comunicativas e incluso genera conflictos.
Otra flaqueza de las familias es la falta de modelos de resolución de conflictos y el énfasis excesivo en la afectividad, lo cual resulta en la ausencia de un estilo constructivo y eficaz para manejar desacuerdos que nos lleven a patrones equivocados que evitan el dialogo, que le temen a la confrontación y que eligen cerrar los ojos a las problemáticas, causando mayor tensión, erosionando la confianza y el respeto mutuo.
Otra flaqueza es la inestabilidad emocional y el estrés que nos provocan los factores externos tales como problemas de trabajo, incertidumbre económica, cambios en la cultura y en la sociedad que se trasladan al ambiente familiar. Este estrés y esta ansiedad puede afectar nuestra salud mental, dificultando la sana convivencia y contribuyendo a comportamientos poco empáticos, reactivos, a la defensiva o desmotivadores. No estamos sabiendo cómo gestionar el estrés de manera saludable y no estamos siendo capaces de pedir ayuda.
Por último, la transformación de los roles tradicionales dentro de la familia y la lucha por definir las responsabilidades en el hogar pueden generar conflictos y sentimientos de injusticia, de falta de equidad o incluso de abuso. Esta ambigüedad en las funciones y la falta de equilibrio en la distribución de tareas genera resentimientos y no ubica a cada quien, en su lugar, con sus funciones bien determinadas y con el claro concepto de a donde pertenecen y qué lugar ocupan dentro del núcleo familiar.
Existen otras muchas flaquezas que pueden afectar a nuestra familia, pero todas se resuelven con mucha voluntad, con la determinación firme de trabajar por superarlas y sabiendo que no hay personas ni familias perfectas. Nuestras flaquezas no nos deben alejar de los nuestros y contamos con ellas para sacar frutos de nuestras propias debilidades y tener una firma decisión por ser mejores, con una consciencia que se actualice día a día, con un amor profundo que nos lleve a decisiones mejor tomadas
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