Desarme Zacatecas

MANTIENE PEDRO MEDINA VIVA LA TRADICIÓN DEL CEMPASÚCHIL

Es el Jardín de las Dos Almas, como lo llama su creador, Pedro Medina, un agricultor que desde hace casi 30 años cultiva flores de cempasúchil, las mismas que llenan de color los altares del Día de Muertos en todo Zacatecas.

Rocío Pedroza
Foto: Rocio Pedroza

GUADALUPE, ZAC. – A simple vista, las parcelas de Tacoaleche podrían parecer como cualquier otra. Pero en estos meses, gracias al generoso temporal de lluvias, el campo se transformó en un tapiz anaranjado que parece encenderse con el sol. Es el Jardín de las Dos Almas, como lo llama su creador, Pedro Medina, un agricultor que desde hace casi 30 años cultiva flores de cempasúchil, las mismas que llenan de color los altares del Día de Muertos en todo Zacatecas.

“La flor de los muertos también es flor de vida”, dice Pedro con una calma que solo tienen quienes han aprendido a escuchar la tierra. Comenzó a sembrarlas para honrar a sus familiares fallecidos y llevarles ofrendas en estas fechas, pero con el tiempo su jardín creció, al igual que su amor por el campo. Junto con su esposa e hijos, ha convertido la siembra en una tradición familiar que hoy trasciende generaciones y se ha vuelto parte del orgullo de Tacoaleche.

Este 2025, el clima jugó a su favor. “La lluvia cayó cuando debía, y eso se nota en las flores: salieron grandes, preciosas, con un color que alegra el alma”, cuenta con una sonrisa. Aunque admite que al principio sintió miedo, porque las lluvias parecían no dar tregua. “Temí que se inundara todo, pero al final la tierra respondió”. Las flores de la familia Medina Escalante viajan cada temporada a Aguascalientes, San Luis Potosí, Durango, Guanajuato y Jalisco, donde son muy buscadas por su frescura, su aroma y su color intenso.

Además, su jardín se ha vuelto un punto de encuentro para cientos de zacatecanos que, cámara en mano, llegan cada año a tomarse fotografías entre los surcos encendidos de naranja. Incluso un grupo musical grabó ahí un video y, por esa inspiración, Pedro decidió nombrar su parcela “El Jardín de las Dos Almas”, un homenaje a la canción y a su propia historia.

Cuando terminan los pedidos más grandes, la familia se reparte entre los panteones de Zacatecas, Guadalupe y su propio Tacoaleche para vender las flores de manera directa. Son días largos, de amanecer a medianoche, pero nadie se queja: “Aquí trabajamos con el corazón, y eso no cansa”, contó Don Pedro.

A sus más de sesenta años, el agricultor mira al futuro con serenidad. No teme al retiro, porque sabe que su legado seguirá floreciendo en manos de los suyos. 04

Más que un productor, Pedro Medina es un guardián de la tradición. Su historia es la de tantos zacatecanos que, con fe, trabajo y cariño por la tierra, mantienen viva la raíz de un pueblo. Y mientras en Tacoaleche siga floreciendo el cempasúchil, seguirá también viva la memoria, la esperanza y el alma del campo.


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