PALABRA VIVA | EL TABERNÁCULO, UNA REVELACIÓN DE LA OBRA SALVADORA DE CRISTO
Dentro del Tabernáculo estaba el llamado “testimonio”, es decir, los Diez Mandamientos, estos no eran solo normas, sino un recordatorio constante de la santidad de Dios y de lo que Él demanda del ser humano.
“El plan de Dios revelado desde el desierto hasta la cruz”
En el libro de Éxodo, Dios instruyó a su pueblo a construir el Tabernáculo, un santuario donde Él habitaría en medio de ellos, no era solo un símbolo religioso, sino el medio por el cual Dios los guiaba, su presencia reposaba sobre el Tabernáculo de día y de noche, y cuando se movía, el pueblo también se movía, así fueron dirigidos durante cuarenta años en el desierto.
Dentro del Tabernáculo estaba el llamado “testimonio”, es decir, los Diez Mandamientos, estos no eran solo normas, sino un recordatorio constante de la santidad de Dios y de lo que Él demanda del ser humano. También era el lugar donde se ofrecían sacrificios de animales para el perdón de los pecados, evidenciando que el pecado tiene un costo que no puede ignorarse.
Sin embargo, todo esto no era el fin en sí mismo, la enseñanza bíblica revela que el Tabernáculo apuntaba a algo mayor, la obra redentora de Jesucristo. Lo que antes se hacía repetidamente mediante sacrificios, en Cristo se cumple de una vez y para siempre, como explica el libro Hebreos, Él no entró en un santuario hecho por manos humanas, sino en el cielo mismo, ofreciendo su propia sangre para obtener redención eterna.
Además, el Tabernáculo apuntaba hacia una consumación futura, el momento en que Dios habitará plenamente con los hombres, como lo declara Apocalipsis, donde Él morará con su pueblo en un cielo nuevo, y una tierra nueva.
En su estructura, el Tabernáculo revela de manera profunda el camino de Dios para acercar al pecador a Él. Estaba dividido en secciones y contenía elementos específicos, cada uno con un significado espiritual que se cumple en Cristo.
El altar del holocausto simboliza la cruz del Calvario, donde Jesucristo fue ofrecido una vez y para siempre por los pecados. A diferencia de los sacrificios repetitivos del Antiguo Testamento, su sacrificio es perfecto y suficiente para siempre.
El lavacro representa la purificación y el inicio de la santificación, mostrando que el acceso a Dios requiere limpieza del pecado, esto apunta a Cristo, quien no solo perdona nuestros pecados, sino que nos limpia por completo, en Él somos lavados, y por medio de Su Espíritu comienza en nosotros una vida de santificación.
La mesa de los panes señala a Cristo como el pan de vida, el único que satisface verdaderamente al hombre.
El candelero representa a Cristo como la luz del mundo, quien alumbra y guía en medio de la oscuridad.
El altar del incienso simboliza la intercesión continua de Cristo, quien vive para presentarse delante de Dios por aquellos que se acercan a Él.
El velo marcaba la separación entre Dios y el hombre, evidenciando que el acceso a Su presencia no era libre. Pero Cristo vino y rasgó ese velo, abriendo el camino para que el hombre tenga comunión con Dios por medio de Él.
Finalmente, el arca del pacto representaba la justicia y la presencia de Dios, el lugar donde Él manifestaba su gloria. Pero también era el lugar donde se rociaba la sangre para hacer expiación por el pecado. Esto apuntaba a Cristo, quien no solo vino a mostrarnos a Dios, sino a satisfacer Su justicia. Él es nuestro propiciatorio, donde la justicia de Dios y Su misericordia se encuentran, y donde el pecador puede acercarse confiadamente.
Así, lo que en el Antiguo Testamento se mostraba como figura y sombra, en Cristo se cumple plenamente. Él es el centro, el cumplimiento y la revelación definitiva de todo lo que el Tabernáculo anunciaba.
Dios bendiga tu vida…nos leemos en 15 días.
Citas bíblicas
Éxodo 25:8; Éxodo 40:34-38; Éxodo 38:21. Deuteronomio 10:1-5. Levítico 17:11. Hebreos 9:11-12, 24-28. Apocalipsis 21:3. Hebreos 9:12-14; 10:10-14. 1 Juan 2:2. Hebreos 10:19, 22. Juan 6:35. Juan 9:5. Mateo 5:14-16. Apocalipsis 1:12-13. Hebreos 7:25; 9:24. Romanos 8:34. Hebreos 9:8. Éxodo 25:10-22. Hebreos 9:4. Juan 1:18; 14:9. Hebreos 8:5.