Desarme Zacatecas
Issac Félix Opinión de Issac Félix

PALABRA VIVA | ¿EN QUIÉN CONFÍAS?

A lo largo de la historia ha levantado templos, ideologías, filosofías, sistemas de poder e incluso figuras humanas en las cuales depositar su confianza.



“La pregunta que el profeta Elías hizo en el Carmelo sigue confrontando a cada generación”



El ser humano siempre ha tenido la necesidad de creer en algo más grande que él mismo. A lo largo de la historia ha levantado templos, ideologías, filosofías, sistemas de poder e incluso figuras humanas en las cuales depositar su confianza. Cambian las épocas, cambian las culturas, pero la pregunta permanece vigente: ¿qué sostiene realmente al ser humano cuando enfrenta el límite de sus propias fuerzas?

La Biblia presenta un episodio antiguo que confronta directamente esa pregunta. Así lo narra el primer libro de Reyes, capítulo 18, uno de los relatos más intensos del Antiguo Testamento.

Israel atravesaba una profunda crisis espiritual. Bajo el reinado de Acab y la influencia de su esposa Jezabel, gran parte del pueblo había abandonado la adoración al Dios de Israel para inclinarse hacia Baal, una divinidad cananea asociada con la lluvia, la fertilidad y la prosperidad agrícola.

La ironía es evidente: el pueblo había puesto su esperanza en un dios que supuestamente tenía poder sobre la lluvia, mientras una larga sequía devastaba la nación. En ese contexto, el profeta Elías convoca al rey, al pueblo y a cientos de profetas de Baal al monte Carmelo. Allí plantea una pregunta incómoda que sigue resonando siglos después: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él” (1 Reyes 18:21).

No era simplemente una discusión religiosa; estaba en juego la verdad misma y la fuente real de la esperanza humana. Elías propone entonces una prueba pública. Se prepararían dos altares con sacrificios, pero sin encender fuego. El desafío era sencillo: el dios que respondiera enviando fuego desde el cielo demostraría ser el verdadero Dios. Así lo establece el primer libro de Reyes 18:24: “El Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios”.

Los profetas de Baal comienzan su ritual. Claman durante horas, levantan voces, realizan ceremonias y llevan su desesperación al extremo, hiriéndose a sí mismos en busca de una respuesta. Sin embargo, el relato bíblico resume toda aquella intensa actividad con una frase demoledora: “No hubo voz, ni quien respondiese, ni quien escuchase” así lo señala el primer libro de Reyes 18:29.

El silencio se hizo presente en ese momento. Entonces el profeta Elías reconstruye el altar del Señor utilizando doce piedras que representaban a las tribus de Israel. Coloca la leña, acomoda el sacrificio y, para eliminar cualquier sospecha de manipulación, ordena derramar agua repetidas veces sobre el altar hasta empapar completamente la ofrenda, la madera y la zanja alrededor.

Después hace una oración breve. No hay espectáculo, no hay manipulación emocional ni intentos humanos de producir un resultado; simplemente clama para que el pueblo reconozca quién es el verdadero Dios. La respuesta llega inmediatamente. En el primer libro de Reyes 18:38, deja claro que, “cayó fuego del Señor”, consumiendo el sacrificio, la leña, las piedras, el polvo y aun el agua que estaba alrededor del altar.

Para la fe bíblica, el mensaje es contundente: los dioses construidos por manos humanas carecen de vida y de poder real. El salmista lo expresaría de manera similar siglos después: “Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres, tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven” (Salmo 115:4-5).

Aunque las culturas y las épocas cambian, la tendencia humana a depositar su confianza en algo distinto de Dios permanece. A lo largo de la historia, muchos han buscado seguridad, identidad o esperanza en dioses, imágenes, personas, riquezas, poder, ideologías o cualquier otra cosa creada por el ser humano. Sin embargo, ninguna de ellas puede ocupar el lugar que corresponde únicamente a Dios.

Porque Dios no es una idea, una filosofía ni una construcción humana. Es el Dios vivo que escucha, responde y sigue llamando al ser humano a confiar en Él. La pregunta del Carmelo sigue abierta para cada generación: ¿en quién estás poniendo tu confianza?


*Discípulo de Cristo.

Comparte esta nota:

Noticias Relacionadas