SALUD EN ZACATECAS | LA PROFESIONALIZACIÓN: ENTRE LA PROMESA Y LA REALIDAD DEL SISTEMA DE SALUD
No se trata de un beneficio extra ni de un privilegio sindical, se trata de que quien cursó una licenciatura, una especialidad o una maestría, pueda ejercer y percibir conforme a esa preparación.
Por: Dr. Francisco Xavier Félix Ramírez – Médico y Secretario General del Sindicato Mexicano de Trabajadores de IMSS Bienestar.
Durante años, al personal de enfermería y a médicas y médicos del sector público se les ha hecho una promesa reiterada: “la profesionalización”, una palabra que para muchos suena abstracta, pero que en la práctica significa algo muy concreto y justo, el reconocimiento laboral y salarial acorde al nivel real de estudios. No se trata de un beneficio extra ni de un privilegio sindical, se trata de que quien cursó una licenciatura, una especialidad o una maestría, pueda ejercer y percibir conforme a esa preparación.
La realidad, sin embargo, es que en nuestro estado la profesionalización quedó atrapada entre discursos bien intencionados y una crisis presupuestal cada vez más evidente. Hoy la Secretaría de Salud estatal, que continúa siendo el patrón formal de miles de trabajadores, simplemente no cuenta con los recursos suficientes para sostener un proceso de recategorización masivo; se calcula que son necesarios alrededor de 60 millones de pesos anuales solo para enfermería, y los recortes millonarios al sector salud no son una percepción, son un hecho documentado que ha debilitado la capacidad operativa y financiera de la institución.
Este escenario ha generado frustración, enojo y un desgaste profundo en la base trabajadora, y con razón. Nadie puede pedir paciencia infinita a quien estudió, se capacitó y asumió mayores responsabilidades sin que eso se vea reflejado en su salario. El problema surge cuando, en lugar de hablar con la verdad, se alimentan falsas expectativas, cuando se promete lo que no se puede cumplir y se empuja a las y los trabajadores a marchas, plantones y movilizaciones que no tienen una salida real porque el recurso, sencillamente, no existe.
Decir esto no es ir contra la base trabajadora; al contrario, es respetarla, porque la dignidad laboral también pasa por no mentirle a la gente, por no usar su legítimo enojo como herramienta política o sindical. La profesionalización no se destrabará con consignas ni con mesas de diálogo sin sustento financiero; se destraba con presupuesto, con reglas claras y con modelos viables.
En este contexto, es importante voltear a ver lo que ocurre en el esquema de IMSS Bienestar. A diferencia de las secretarías estatales, este modelo sí contempla el reajuste de categorías con base en el nivel académico, particularmente en enfermería, donde se reconoce formalmente la licenciatura y ciertas especialidades dentro de su estructura laboral. No es un sistema perfecto ni está exento de retos, pero representa una ruta más clara y honesta hacia el reconocimiento profesional.
La comparación es inevitable y también necesaria; mientras en los servicios estatales se prometen avances que no pueden sostenerse financieramente, en IMSS Bienestar al menos existe un marco normativo que reconoce que a mayor preparación debe corresponder mayor responsabilidad y mejor salario. Esa es la discusión de fondo que se debe dar, sin engaños y sin demagogia.
La profesionalización no es una bandera de confrontación, es un acto de justicia laboral, y la justicia no se construye con discursos vacíos, sino con decisiones responsables; la base trabajadora merece respeto, claridad y verdad. “Merece saber qué es posible hoy, qué no lo es, y cuál es el camino real para lograrlo.”
En un sistema de salud ya de por sí golpeado, seguir jugando con las expectativas de quienes lo sostienen todos los días es profundamente irresponsable; reconocer la formación, la experiencia y el esfuerzo del personal de salud no puede seguir siendo una promesa eterna, debe convertirse en una política seria, sostenible y, sobre todo, honesta.
Dicho con claridad, la lucha por la profesionalización es legítima, justa y necesaria; nadie debería ser descalificado por exigir que su preparación académica sea reconocida. Al contrario, el sistema de salud necesita más profesionales capacitados, motivados y justamente remunerados; acompañar esta lucha implica decir la verdad, construir rutas reales y no abandonar a quienes, con dignidad y constancia, siguen exigiendo lo que por derecho les corresponde.
La profesionalización no es un capricho: es un acto de justicia laboral que tarde o temprano deberá cumplirse.