CIENCIA PARA LLEVAR | VACUNAS VS PINTURA: EL CONTRASTE ENTRE LA PREVENCIÓN DE LA UAZ Y EL SILENCIO DE LA SECRETARÍA DE EDUCACIÓN

Ante el repunte del sarampión y la desinformación histórica sobre vacunas, este texto contrasta la acción preventiva de la UAZ con la limitada respuesta institucional ⚖️. Un llamado firme a priorizar la salud pública sobre la imagen y asumir la vacunación como un acto de responsabilidad colectiva 🛡️✨.

EcoDiario
CIENCIA PARA LLEVAR | VACUNAS VS PINTURA: EL CONTRASTE ENTRE LA PREVENCIÓN DE LA UAZ Y EL SILENCIO DE LA SECRETARÍA DE EDUCACIÓN


"Mientras que la Universidad Autónoma de Zacatecas ha tomado la delantera con una responsabilidad admirable, emitiendo infografías en redes sociales y campañas activas de vacunación en Preparatorias y Unidades Académicas, la Secretaría de Educación parece tener otras prioridades"

Hace más de dos siglos, la humanidad encontró uno de sus mayores tesoros de salud y supervivencia, las vacunas. Desde que Edward Jenner observó que la exposición controlada a patógenos podía entrenar al cuerpo, nuestra historia cambió. Pasamos de ser víctimas pasivas de plagas que exterminaban poblaciones enteras a ser protectores de nuestra propia inmunidad. Gracias a la vacunación masiva, enfermedades como la viruela o polio fueron erradicadas y el sarampión,  se convirtió en un recuerdo lejano de lo que leíamos en libros de historia. O al menos, eso creíamos.

Científicamente, una vacuna es un entrenamiento de élite para tu sistema inmunológico. Al recibirla, introducimos una versión debilitada del virus. Tus glóbulos blancos analizan al invasor, crean anticuerpos y generan células de memoria. Si el virus real intenta entrar después, tu cuerpo ya esta listo para neutralizarlo antes de que cause daño. Es la biotecnología es un regalo científico increíble y ha permitido la prevención.

El sarampión no es una enfermedad infantil inofensiva, es un virus altamente contagioso que puede derivar en neumonía, ceguera e inflamación cerebral. Hoy enfrentamos una crisis global y nacional, según la OMS, los casos han aumentado drásticamente debido a la interrupción de esquemas de vacunación. Estamos ante un patógeno que requiere que el 95% de la población esté inmunizada para mantener la "inmunidad de rebaño", seguro ese término lo recuerdas durante  la pandemia por coronavirus. Cuando bajamos la guardia, el virus encuentra brechas para atacar a los más vulnerables.

En 1998, el mundo de la medicina sufrió un golpe del que aún no termina de recuperarse. Un médico británico llamado Andrew Wakefield publicó un estudio en la prestigiosa revista The Lancet, vinculando la vacuna Triple Viral con el autismo. Años después, se descubrió que Wakefield falsificó los datos. El estudio fue retirado y su licencia médica cancelada, pero el daño estaba hecho  y la vacuna que se promovió fue la vacuna del virus del miedo en la mente de millones personas.

Tenemos pues que la resistencia a las vacunas es casi tan antigua como el invento mismo. Entre 1796 y 1850, tras la primera vacuna de Edward Jenner, surgieron caricaturas satíricas que sugerían, que las personas desarrollarían rasgos de vaca tras ser inoculadas. Más tarde, entre 1853 y 1900, ante las leyes de vacunación obligatoria en Inglaterra, surgieron las primeras ligas antivacunación organizadas que se expandieron a Estados Unidos en 1879, argumentando libertades individuales.

Es aquí donde debemos ser críticos. Mientras que la Universidad Autónoma de Zacatecas bajo la rectoría del Dr. Ángel Guzmán Román —a quien le extiendo un merecido reconocimiento por su compromiso con la prevención—  ha tomado la delantera con una responsabilidad admirable, emitiendo infografías en redes sociales  y campañas activas de vacunación en Preparatorias y Unidades Académicas, la Secretaría de Educación parece tener otras prioridades. Solo ha publicado una serie de imágenes para invitar a revisar las cartillas, dicha publicación fue el 13 de febrero, es una acción implementada a pesar de tener una de las más grandes infraestructuras humanas y materiales, pero sobre todo, porque tiene en sus aulas a nuestros niñas, niños y adolescentes.  En algunos colegios ya han solicitado las cartillas de los niños para su revisión y el uso de cubrebocas, emitido oficios a padres para evitar que acudan en caso de los síntomas y notificar de inmediato sobre cualquier situación.

Es lamentable ver que la autoridad educativa estatal se enfoque más en la fotografía para promocionar  la pintura y rehabilitación de escuelas urbanas, mientras descuida la rehabilitación de las escuelas rurales y, lo más grave, omite campañas de salud urgentes. Pintar una barda no salva vidas; una campaña de vacunación sí. Urge que la Secretaría asuma su papel como promotor de la salud y no solo como gestor de infraestructura estética.

Hace unos días, motivada por la reciente alerta epidemiológica, decidí predicar con el ejemplo. Aunque mi madre siempre fue sumamente responsable con mi esquema de vacunación, no logramos localizar el comprobante específico de la vacuna contra el sarampión. Ante la duda, la ciencia y la prevención dictan una sola ruta: acudir por una dosis de refuerzo.

Mientras esperaba mi turno en la clínica 4 del IMSS, me tocó presenciar una escena que me dejó profundamente reflexiva. Dos niñas, de unos 6 y 10 años, iban acompañadas de su madre para recibir dicha vacuna. Al revisar los documentos, la enfermera, con extrañeza, les preguntó si tenían otras vacunas, pues sus cartillas estaban literalmente nuevas, sin una sola marca. La respuesta de la madre fue contundente, nunca las había vacunado.

No escribo esto para juzgar la decisión de esa madre, siempre hacemos lo mejor que podemos,  sino para reflexionar sobre la magnitud de la falta de cultura de prevención que hemos construido. ¿Cuántas niñas y niños están hoy desprotegidos bajo el cobijo de una desinformación que nació hace siglos?

Hoy te invito a realizar un acto de amor propio y colectivo y busca tu Cartilla Nacional de Salud. Revisa si tus hijos tienen el esquema completo de la vacuna Triple Viral (SRP). Si no es así, acude a tu centro de salud. No esperemos a que el brote toque nuestra puerta para valorar la ciencia que ya tenemos a la mano.

¡Rebeldía, Locura, Ciencia y Felicidad!

Con entusiasmo:

Claudia Lizbet Soto Casillas.


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