Opinión de
Luna Morena
Andar las vías | Candiles de la calle
Andar las vías | Candiles de la calle
“Vivimos al día y a nadie nos sobra para dar tanto…”
Luna Morena*
Sabemos que existen, porque además viven con un familiar, tal vez con un conocido, un vecino, un amigo y hasta en nuestra casa. Lo cierto es, que estos personajes buscan la manera de hacerse notar, por las personas de su entorno con el fin de ser alargados y ser distinguidos como buenas gentes; por lo que en cada oportunidad que se les presenta, demuestran una generosidad y un desprendimiento a favor del prójimo que muchas veces ni siquiera conoce, pero se trata de quedar bien, de ser visto , conocido e identificado como la persona más bondadosa y solidaria de la tierra; pero que en su casa es todo lo contrario, que a nadie se les ocurra pedir nada, porque para ellos no hay, ni material ni efectivo. A menos que una visita llegue de repente, y justo en ese momento. Es cuando el panorama cambia de aspecto, debido a que el amor familiar tiene sus minutos para la familia y si Dios sabe el bienestar hogareño, que lo sepan todos y a la menor oportunidad. Estos candiles de la calle, con la familia se quejan de las carencias mientras que con los extraños la abundancia se hace presente.
Dichos candiles de la calle pueden ser mamá y papá, el tío, la tía, la comadre, el compadre, la vecina, el vecino. Conocemos más de una, de estás distinguidas y caritativas almas, también hemos visto cómo socorren las necesidades cotidianas que de pronto se presentan y más cuando están rodeados de personas ajenas a su entorno. Saben que estás personas pronto estarán comunicando lo ocurrido en esos minutos de suerte Solo que los candiles de la calle, al interior de sus viviendas viven a media tortilla y discutiendo acerca de la actitud del candil; ese que nada gana con presumir lo que comparte dizque para el bien del prójimo, un prójimo que gusta de vivir con esas dádivas al puro candil de la calle a pesar de que a las tinieblas de su casa y de su familia no hay quien les comparta su luz.
Vivimos al día y a nadie nos sobra para dar tanto, menos a los candiles de la calle que no tienen nada para andar desprendidos. Varios años viví con ese martirio, un martirio que nadie creía, por la generosidad macha que había llegado primero y con la diestra hacia el sol plena de su verdad.
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