Claudia Soto Opinión de Claudia Soto

CIENCIA PARA LLEVAR | SOBREVIVIR AL TRAYECTO: ANÁLISIS DE LA REALIDAD DE LOS TRANSPORTISTAS EN MÉXICO

“Roma cayó, en parte, porque sus legiones ya no podían proteger las vías que traían el grano. En el México de 2026, estamos permitiendo que el crimen organizado dicte las reglas de nuestra logística, fracturando la soberanía que tanto nos ha costado construir”.

Mientras escribo estas líneas, se reportaba un ataque armado contra tres trabajadores de una empresa refresquera en la localidad de Pedregoso, Pinos, Zacatecas. Al no poder forzar la caja de seguridad del camión, los delincuentes dispararon directamente al tórax de los empleados, quienes, en un estado de desamparo absoluto y ante la ausencia de autoridades, tuvieron que buscar auxilio por su cuenta hasta llegar a Aguascalientes. Este evento es un fragmento de una realidad adversa, donde los transportistas representan un objeto desechable ante la ambición del crimen.

¿Alguna vez te has detenido a pensar qué pasaría si, de un momento a otro, el movimiento en las carreteras de México se detuviera por completo? Imagina que despiertas y no hay leche en el refrigerador, los estantes de las farmacias están vacíos, las fábricas detienen sus máquinas por falta de insumos y el combustible no llega a las estaciones. Parece sacada de una película de ficción, pero es el recordatorio más de una verdad que solemos ignorar: México se sostiene y progresa gracias al trabajo de sus transportistas.

Este lunes, las carreteras de nuestro país son el escenario de la manifestación de indignación y cansancio . Miles de operadores han decidido alzar la voz frente a una realidad insostenible  pintada de una ola creciente de asaltos, secuestros y asesinatos que ha convertido su oficio en una profesión de riesgo e incertidumbre.

Para entender la magnitud de esta crisis, debemos mirar las cifras. En México, el autotransporte de carga es el pilar de la economía. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (CANACAR), este sector moviliza más del 56% de la carga de cabotaje y contribuye con aproximadamente el 3.5% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.

Estamos hablando de 1.2 millones de empleos directos. Cada vez que ves un tráiler en la carretera, estás viendo el motor que conecta los suministro a los hogares, que requiere habilidades en la conducción de vehículos de grandes dimensiones, como la atención selectiva y una vigilancia sostenida que fatiga el sistema nervioso y al cuerpo. Si a esto le sumamos el modo estrés de supervivencia al que se ven forzados a entrar  provocado por la inseguridad, el resultado es devastador de hipervigilancia crónica, disparando niveles de cortisol y adrenalina que, a largo plazo, dañan la salud cardiovascular y mental.

Recordemos el asesinato de un operador en la Vía Corta a Chihuahua en febrero de 2024, interceptado y ultimado al negarse a detener su unidad. Su cuerpo quedó en la cabina, con el motor aún encendido, como un monumento al desamparo. O la crisis en la Carretera 57 (Matehuala-Saltillo) en abril de 2023, donde secuestros masivos sacaron a la luz una red de casas de seguridad donde choferes de carga y personal fueron retenidos bajo tortura psicológica.

Esta ola de violencia ha provocado una respuesta sistémica sin precedentes. Las manifestaciones y paros nacionales, son el resultado de un gremio que ha transitado a la acción colectiva de resistencia, una cooperación estratégica necesaria y con la que debemos empatizar. 

Hablemos un poco de la historia de este fascinante oficio. La figura del transportista es heredera de una tradición milenaria. Desde los "tamemes" de la época prehispánica, pasando por los arrieros del Camino Real de Tierra Adentro, esa ruta que puso a Zacatecas en el mapa del mundo, el transporte ha sido el sinónimo de civilización. En el siglo XX, con la consolidación de la red carretera, el camionero se convirtió en una figura mítica, el caballero del asfalto que unía comunidades aisladas.

La historia nos enseña que las grandes civilizaciones colapsan cuando sus rutas de comercio se vuelven inseguras. Roma cayó, en parte, porque sus legiones ya no podían proteger las vías que traían el grano. En el México de 2026, estamos permitiendo que el crimen organizado dicte las reglas de nuestra logística, fracturando la soberanía que tanto nos ha costado construir.

A veces las autoridades parecen más preocupadas por la estética política que por la funcionalidad social. Una política pública real para el transporte no debería limitarse a parches reactivos. Necesitamos una inteligencia logística integral, con tecnología de monitoreo en tiempo real, paraderos seguros con estándares internacionales y una presencia de la Guardia Nacional que no sea  estratégica.

Mi invitación para ti, lector, que hoy disfrutas de los bienes que llegaron hasta tu puerta, es que mires con otros ojos a ese gigante de acero que encuentras en el camino. Detrás de ese volante hay un ser humano que, al igual que tú, busca un empleo seguro y que le brinde calidad de vida y satisfacción.

Proteger los caminos y carreteras es una condición indispensable del desarrollo y bienestar de la sociedad, pues es un reconocimiento de que la verdadera soberanía alimentaria y económica es transportada por hombres y mujeres valientes que solo buscan tener seguridad en sus trayectos. Recordarle al gobierno que los alimentos, medicinas y todos los insumos, no viajan en discursos, que urge construyan estrategias integrales que favorezcan la seguridad en nuestras arterías de circulación en todo el país.

¡Rebeldía, Locura, Ciencia y Felicidad!

*Docente-Investigadora del SNI, especialista en pedagogías emergentes, protección infancias, migración agrícola y escenarios de conflicto y desplazamiento infantil.


Comparte esta nota:

Noticias Relacionadas