Erika Macedo Opinión de Erika Macedo

COMUNICAR Y CONECTAR | EL ECO DE LA INSEGURIDAD

En materia de seguridad pública, donde están en juego vidas humanas, la narrativa institucional no solo informa; también construye confianza o la derrumba.

En comunicación política existe una regla básica: cuando un gobierno enfrenta una crisis, cada palabra pesa tanto como cada decisión. En materia de seguridad pública, donde están en juego vidas humanas, la narrativa institucional no solo informa; también construye confianza o la derrumba. En una tormenta, la ciudadanía no busca culpables; busca un faro que ilumine el camino. Por ello, cuando desde el gobierno se pretende responsabilizar a la oposición por las críticas a la estrategia de seguridad, el mensaje corre el riesgo de desviar el rumbo en lugar de ofrecer certezas.

Zacatecas atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. Más allá de las cifras, el miedo continúa caminando por las calles y la incertidumbre sigue sentada en la mesa de muchas familias. En ese contexto, la comunicación gubernamental debe transmitir liderazgo, serenidad, transparencia y capacidad de respuesta. Cuando el discurso parece mirar por el espejo retrovisor en busca de responsables, en lugar de avanzar hacia las soluciones, la confianza comienza a desmoronarse.

El secretario general de Gobierno, Rodrigo Reyes Mugüerza, ha señalado que existe una estrategia de desinformación y una intención de algunos actores políticos de desacreditar los avances en seguridad. Sin embargo, desde la óptica de la comunicación política, el verdadero desafío no consiste en responder a las críticas, sino en hablar con la fuerza de los hechos. Los resultados son el idioma que mejor entiende la ciudadanía.

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En una democracia, la oposición tiene la responsabilidad de cuestionar, fiscalizar y señalar aquello que considera incorrecto. Se puede coincidir o no con sus planteamientos, pero convertirla en el centro del discurso sobre seguridad desplaza la conversación del verdadero problema. La sociedad espera escuchar cómo se enfrentará a la delincuencia, qué acciones protegerán a las familias y cuáles serán los resultados medibles, no un intercambio permanente de acusaciones.

La comunicación de crisis exige empatía antes que confrontación. Cuando hay víctimas, familias de luto y comunidades marcadas por la violencia, las palabras deben convertirse en puentes, no en muros. El ciudadano difícilmente recuerda quién ganó un debate político; recuerda si pudo regresar con tranquilidad a su hogar y si sintió que las instituciones tenían el timón firme.

Insistir en una narrativa donde la oposición ocupa el papel protagónico puede producir un efecto contrario al esperado: aumentar la percepción de polarización y dejar en segundo plano la prioridad fundamental, que es garantizar la seguridad de la población.

La credibilidad no nace de los discursos, se forja con resultados. Es un edificio que se levanta ladrillo por ladrillo con transparencia, sensibilidad y eficacia, pero puede derrumbarse con una sola percepción de evasión. En tiempos de crisis, el mayor desafío de un gobierno no es ganar la batalla del discurso, sino recuperar la confianza de la ciudadanía. Ahí está la verdadera prueba para Zacatecas.

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