Opinión de
Issac Félix
PALABRA VIVA | EL ARREPENTIMIENTO Y LA FE: DOS PASOS QUE NO PUEDEN SEPARARSE
No se trata solo de sentir remordimiento por nuestros errores, sino de una decisión que transforma nuestra manera de pensar y cambia el rumbo de nuestra vida.
“Sin arrepentimiento, la fe se convierte en una simple declaración de labios, incapaz de producir una verdadera transformación”
En la columna anterior les hablaba de que el auténtico arrepentimiento comienza en el interior. No se trata solo de sentir remordimiento por nuestros errores, sino de una decisión que transforma nuestra manera de pensar y cambia el rumbo de nuestra vida.
Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre una verdad fundamental del evangelio: el arrepentimiento siempre debe ir acompañado de la fe en Jesucristo. Son dos realidades inseparables. Nadie puede confiar verdaderamente en Cristo sin antes reconocer su condición de pecado y decidir volverse a Dios.
Este principio recorre todo el mensaje del evangelio. Juan el Bautista preparó el camino para el Mesías llamando al pueblo al arrepentimiento (Marcos 1:3-4). Después, Jesús inició su ministerio proclamando: "Arrepentíos y creed en el evangelio" (Marcos 1:15). Años más tarde, el apóstol Pablo resumió su predicación con las mismas palabras: "Arrepentimiento para con Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo" (Hechos 20:21). El orden nunca cambia: primero el arrepentimiento, después la fe.
¿Por qué es tan importante este orden? Porque el arrepentimiento prepara el corazón para recibir a Cristo. La fe bíblica no consiste únicamente en reconocer que Jesús existe o en repetir una oración. Significa confiar plenamente en Él como Señor y Salvador, abandonar el viejo camino y comenzar una vida de obediencia. Sin arrepentimiento, la fe corre el riesgo de quedarse en una simple declaración de labios, sin producir una verdadera transformación.
Quizá esta sea una de las razones por las que muchas personas viven una vida espiritual inestable. Han escuchado durante años un mensaje resumido en "solo cree", pero ese no fue el mensaje completo de Jesús. Él llamó a las personas a arrepentirse y poner su fe en Él. Dios no solo invita al ser humano a reconocer la verdad del evangelio; también le llama a abandonar el pecado y confiar plenamente en Jesucristo.
La Biblia también habla del arrepentimiento de obras muertas (Hebreos 6:1) y del arrepentimiento para con Dios (Hechos 20:21). Esto significa dejar atrás todo aquello que nos separa del Señor y volvernos a Él con un corazón dispuesto a obedecerle. Incluso nuestras mejores obras, si no nacen de un corazón arrepentido y de una fe verdadera, no pueden justificarnos delante de Dios. Como declaró el profeta Isaías: "Todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia" (Isaías 64:6).
Asistir a una iglesia, hacer obras de caridad, participar en ceremonias religiosas o intentar vivir moralmente no pueden reemplazar el arrepentimiento ni la fe en Jesucristo. Todo esfuerzo humano por acercarse a Dios sin Cristo es insuficiente.
Hoy más que nunca necesitamos volver al mensaje completo del evangelio. Cristo no llamó a las personas únicamente a reconocer la verdad acerca de Él, sino a arrepentirse y poner su fe en Él. Ese sigue siendo el llamado de Dios para cada hombre y cada mujer.
Porque solo un corazón que se arrepiente puede depositar su fe en Jesucristo; y solo esa fe, que descansa completamente en Él como Señor y Salvador, produce una vida transformada, una esperanza firme y la certeza de la salvación.
Dios bendiga tu vida…nos leemos en 15 días.
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